Sé dónde ha estado mi hermano esta mañana y, cuando me lo ha dicho, creo que se me salían los ojos de las órbitas.
Lo único bueno que he hecho hoy es hacerme socia de la Cruz Roja. De repente, un día alguien te ofrece esa posibilidad y decides aportar tu granito de arena a la sociedad.
Debería ir a dormir, pero hoy daré vueltas y más vueltas en la cama sin conseguir pegar ojo. Tendré que recurrir a la imagen perfecta de un ángel, cada vez más difuminada en mis recuerdos, esa imagen que me calma, que me hace sonreír, que me recuerda que cada día vuelve a salir el sol y que cada día puede tener un halo de magia. Le echo de menos. Son demasiados días sin él. En estos momentos me gustaría abrazarle, sentir que el mundo es perfecto entre sus brazos.
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