Desde que empezó 2012 escribo mucho menos aquí.
No es que se me hayan acabado las ideas, ni las ganas, pero sí que he estado pensando si a veces es mejor no escribir nada porque nunca sabemos quién puede llegar a leer lo que escribimos. Describir lo que pensamos nos quita cierta libertad, quizás es por eso por lo que nunca he dado mi blog a nadie que me conozca, pues no quiero que sepa de mí más de lo que ya sabe, puesto que a veces los pensamientos comprometen. Sólo se lo di a una persona que me conocía, de eso ha pasado ya mucho tiempo. Hace dos meses creía que él incluso podía leer lo que escribía día a día. Hoy no lo tengo tan claro. Y entonces recordé tantas cosas que había escrito cada día, cada noche, en cualquier momento libre. Me rallé.
Empecé a recordar tantas cosas que había escrito sobre él y me sentí intimidada. Intenté pensar si había llegado a escribir algo negativo sobre él y no recordaba nada. Entonces pensé en tanta belleza inspirada a modo de palabras. Si una persona es capaz de hacernos escribir tantas cosas bellas es alguien adorable. ¿Por qué siempre que pienso en él siento la vital necesidad de describir cada instante, cada cosa, cada día, cada elemento que me rodea como si fuera la primera vez que lo viera...?
¿Por qué él me inspira de esta manera y si no describo lo que siento noto que las palabras luchan por salir...?
Creo que algún día le debería decir, sin alcohol de por medio, todo lo que siento por él. Todo lo bueno que produce en mí, todo lo que enriquece, todo lo que veo en él. Sólo que hacerle esa confesión sería complicado.
Él hace que el mundo sea mejor, que cada mañana vuelva a salir el sol, que cada día sea un poco más perfecto. Él es un ángel, pero quizás no lo sabe.
Volveré a describir cada instante perfecto, porque no quiero olvidar nada que tenga relación con él. Porque no quiero olvidar que siempre hay una persona que hace que todo lo que me rodea sea simplemente más perfecto.

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