viernes, febrero 03, 2012

Noches blancas

Venía muy despacio por la carretera. Los copos de nieve chocaban contra el cristal y apenas me dejaban ver. Venía atemorizada, porque aunque no hay hielo no me gusta conducir con nieve. Era consciente de que lo peor estaba llegando a mi pueblo: en el empalme, en la curva, en el momento de meter el coche. Y es que las calles de mi pueblo ya se encontraban blancas.
Pero mi mente venía aferrada a una imagen, al coche de un ángel aparcado muy cerca, al anhelo de dibujarle un corazón en medio de los copos de nieve que cubrían la luna trasera de su coche. Tan cerca...
Le echo de menos. Echo de menos su mirada repleta de tantas cosas buenas, echo de menos la magia que desprende su presencia, echo de menos esa voz tan sensual y la sabiduría de las cosas que dice.

Cuando he quitado el contacto del coche he suspirado. Por fin estaba en casa.

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