jueves, noviembre 09, 2006

Una mota que empaña el cristal


En las primeras clases de alemán la profesora siempre nos decía que tuviésemos cuidado a la hora de decir y escribir las palabras de ese idioma porque un simple error, una simple letra, podía cambiar bruscamente el significado de toda la frase. Así era. Era tan fácil equivocar dos palabras tan fáciles como, por ejemplo, zahm (doméstico) y Zahn (diente) que había que andar con mil ojos. Era un aprendizaje lento, sobre todo para aquellos que comenzábamos de cero, que no teníamos ni idea y que no habíamos visto antes tantas consonantes juntas en una sola palabra. A base de practicar y practicar te vas quedando con todo. Pero la mejor manera de aprender a escribir bien una palabra en la que dudas es equivocándote al ponerla. Te equivocarás una vez, dos veces... mil veces... y al final conseguirás escribirla bien.

Esto me recuerda a que en la vida misma tampoco debemos cejarnos por un punto negro que no nos deja ver más allá, que erraremos muchas veces pero de esos fallos siempre terminaremos sacando lo mejor y después aprenderemos a sortearlos de diferentes formas. Erraremos tantas veces como sean necesarias, y al final conseguiremos aquello que queremos.
Es mejor limpiar cuanto antes las pequeñas motas del cristal pues será entonces cuando podamos ver lo que hay detrás, y quizás es mejor que lo que tenemos delante, pero si no las quitamos de en medio nunca lo sabremos. Cuanto antes eliminemos el problema antes podremos reanudar el camino.

Me vienen a la mente varias historias que hacen alusión a esto. Una es un cuento que transcribí una vez aquí titulado El jarrón y la rosa amarilla. La otra es una especie de parábola que me contó alguien muy sabio y me hizo sentir algo mejor en aquellos momentos en los que parecía que se me iba a hundir el mundo. Me hizo sentir mejor y años después se lo conté a alguien. Venía a decir que el árbol siempre tiene frutos. Siempre nos podemos encaprichar de uno y quizás no lleguemos a alcanzarlo, pero a pesar de todo siempre tendremos más frutos alrededor entre los que elegir, y a base de esfuerzo conseguiremos aquellos frutos que queremos. Y si el fruto maduro cae al suelo siempre podemos mirar arriba porque habrá otros que no se han caido. Siempre hay más frutos. Me recuerda a esa cita que dice: "Hay más peces en el mar", aunque esta frase no viene a cuento aquí.

Total, que siempre es mejor limpiar las pequeñas motas del cristal antes de que se vayan haciendo más grandes. Será un peso que nos quitemos de encima y, a la larga, será mejor para nosotros.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pa que veas que perdura en el tiempo y da resultados:)
"Ya llevaba bastante tiempo sin hablar de la manzanita y creo que llego la hora.

Es una manzana rara,hasta hace nada pense que tenia una fina pelicula de hielo que la rodeaba y la hacia mas o menos insensible,el caso esk esa capita de hielo hacia que vista desde lejos, brillase mas que el resto, quizas fuera eso lo que me hizo fijarme en ella y olvidarme de las otras.

Siempre estaba brillando pero nunca se movia,siempre quietecita a la altura justa para no poder alcanzada sin tener que saltar por ella, las demas se alejaban por el paso del tiempo,alguna sin querer bajo demasiado y casi se cae, pero esa, la helada,la que brillaba, y la que me tenia maravillada no se movio nunca,solo tras mucho tiempo observandola pude aprender a notar alguna vibracion pequeñita, algun dia en el que estaba especialmente sensible, y me sorprendia verla vibrando,parecia que poco a poco se despojaba del hielo que la recubria.

El viernes por la tarde no pude aguantar mas y salte,la agarre y mordi,seguia fria,aunque ya no tenia el hielo de antes, durante unos segundos temi que desintegrara, ella y todo, que me despertara de lo que podria haber sido un sueño,pero entonces y cuando ya estaba a punto de dejarla en el suelo,la manzana dejo de ser manzana y se convirtio en persona, en ti, y tu me besaste.
Ya no me hacia falta la manzana,ya la habia conseguido,ya estaba feliz".
galleta