lunes, marzo 23, 2009

"Tattoo"

Me ha gustado esta película. De hecho, me ha recordado a "Seven", sólo que el criminal se les ha escapado. Lo cierto es que está muy bien. Me han dado escalofríos porque yo también llevo un tatuaje.

Marc (August Diehl) acaba de graduarse en la Academia de Policía. Se deja llevar por la fiesta y las pastillas hasta que una redada en una discoteca pone fin a la fiesta. Logra escapar de las manos del detective Minks (Christian Redl), pero enseguida le llama para que trabaje en el Departamento de homicidios con él. Pero lo que realmente quiere Minks es encontrar a su hija Marie, desaparecida dos años atrás y Marc es el único que puede ayudarle a acceder a un mundo que desconoce.
Los dos hombres se encuentran con un asesino en serie que despelleja a personas para llevarse el tatuaje. Descubren que hay un tráfico de tatuajes que se subastan en internet y compran coleccionistas. Todo es legal, puesto que en apariencia todas las víctimas lo hacen por voluntad propia. Sin embargo, un coleccionista les confiesa que muchas personas lo hacen coaccionadas. Entonces dan con un nombre: Irezumi ("tatuaje" en japonés), un tatuador que fue asesinado en Estados Unidos, un artista de la piel. Sus famosos doce tatuajes son obras maestras y esas doce personas están desaparecidas o muertas. 

domingo, marzo 22, 2009

El hombre de la multitud

Un hombre se encuentra en un café del centro de Londres, mirando por la cristalera a la gente que va y viene. Por los rostros y las vestimentas les va clasificando en oficios o incluso inventándose sus vidas. De repente, ve un rostro que le resulta extraño y empieza a seguirlo. El anciano camina por las calles del centro, entra en comercios sin comprar nada, llega a la zona más pobre y vuelve de nuevo al centro. Le persigue durante toda una noche y parte del día siguiente y el narrador empieza a creer que ese anciano es algún tipo de criminal. Finalmente, se pone delante de él, pero ni siquiera repara en su presencia.

"Hay libros que no se pueden leer".

La caracterización de una multitud se logra con recursos aparentemente simples, pero tras los cuales se esconde la sensibilidad del observador, "capaz de leer la historia de muchos años en el breve intervalo de una mirada". 

sábado, marzo 21, 2009

"Escondidos en Brujas"

Me ha gustado esta película, aunque pensaba que tendría más momentos de humor. No sé, me imaginaba algo diferente.

Ray (Colin Farrell) y Ken (Brendan Gleeson) tienen que marcharse a Brujas, por orden de su jefe, Harry (Ralph Fiennes), después de haber cometido un asesinato en Londres.
Ray, acosado por pesadillas tras el asesinato de un niño, se siente a disgusto en Brujas, que le parece un estercolero. Ken disfruta de la cultura y del turismo de la ciudad, mientras intenta animar a su amigo.
Una noche, Ray conoce por casualidad a Chloë (Clémence Poésy) y surge el flechazo. 
El problema surge cuando Harry le pide a Ken que mate a Ray, pues el asesinato de un niño no puede quedar impune. Pero, cuando Ken va a asesinarle, Ray está a punto de volarse la tapa de los sesos, atormentado por ese mismo asesinato. Cuando Harry comprende que Ken no va a matar a Ray y que éste ha cogido un tren cuyo destino desconoce, tiene que volar a Brujas para hacerse cargo de Ken, pues para él es un asunto de honor. En el tren, la policía detiene a Ray y le envían de nuevo a Brujas, donde la chica paga la fianza. Todos se encuentran en el centro. Y quizás, el castigo de Ray sea quedarse para siempre en esa ciudad que considera un estercolero... pero junto a Chloë.

Hábitos de lectura 2008

Navegando por internet he encontrado un interesante documento sobre los libros más leídos en España durante el año pasado. De paso, también los más comprados. Las listas las sigue liderando la novela histórica. Y las mujeres leemos mucho más que los hombres.
La Federación de Gremios de Editores de España emite anualmente un Informe sobre el hábito de los lectores de España, donde se estudia las preferencias de los ciudadanos que leen.
Los pilares de la Tierra lleva años siendo uno de los libros más leídos. Hace siglos que le lo leí. De la lista de esos 25, sólo tres me quedan por leer, aunque respecto a uno de ellos vi la película. Del resto algunos me los leí en 2008, otros muchísimo antes. Los que me leí el año pasado son: El niño con el pijama a rayas, El juego del ángel, La bodega, Un mundo sin fin, Don Quijote de La Mancha (sí, enterito y por primera vez), Un día de cólera y El amor en los tiempos del cólera. Entre otros. Después de ver esto, queda claro que la publicidad es la que rige los hábitos de lectura. Creo que no hay iniciativa a la hora de elegir las lecturas, a no ser que tú mismo crees esa capacidad para discernir entre lo que merece la pena y lo que no. Yo sólo me fío de recomendaciones de gente que sabe de lo que habla, que tiene un hábito de lectura parecido al mío y que critica los típicos libros que a todo el mundo le gustan.
De los más comprados, algunos de los cuales obviamente coinciden con los del cuadro anterior, catorce han llegado a mis manos, pero en 2008 sólo adquirí unos pocos: El niño con el pijama de rayas, Un mundo sin fin, El juego del ángel, Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, Un día de cólera, La bodega, Los girasoles ciegos, Te daré la Tierra y El laberinto de la rosa. Por favor, existe un libro titulado como la serie, Sin tetas no hay paraíso. Que salga en el listado de los libros más comprados me parece patético. Es más, echo de menos el libro de la Reina. Juraría que con toda la publicidad y todo el morbo mediático que se creó también se convirtió en uno de los más leídos el año pasado.

La caja oblonga

El narrador habla de un viaje en barco, aplazado por extrañas circunstancias, a pesar del buen tiempo para navegar. Entre la lista de viajeros encuentra a un conocido, Cornelius Wyatt, un artista que ha alquilado tres camarotes. Cada camarote tiene una litera y al narrador le extraña que el artista mantenga un cuarto de más, ya que en principio iban sus dos hermanas, su esposa y una criada, pero la criada no sube a bordo.
Ente las pertenencias del artista hay una caja oblonga que mete en su camarote, a pesar de la estrechez. El narrador cree que el hombre esconde una de sus pinturas. Le observa de cerca y, desde su propio camarote, comprueba que la esposa, de la que se ríe el resto de pasajeros por su vulgaridad, pasa al camarote vacío a dormir todas las noches.
El barco se ve espoleado por una dura tormenta y los pasajeros se salvan a través de los botes, pero el señor Wyatt quiere volver al barco a por su caja. Desde allí ven cómo se ata a la caja y se tira al mar, que enseguida lo engulle. El capitán Hardy asegura que no flotará mientras no se consuma la sal de la caja, pero calla por respeto a las mujeres de la familia del artista, que están delante.
Un tiempo después del naufragio, el narrador se encuentra con el capitán Hardy, que le explica que, poco antes de embarcar, la esposa de Wyatt murió y sus restos mortales iban en la caja oblonga, pero como temían la reacción de los pasajeros lo mantuvieron en secreto y la criada se hizo pasar por la señora Wyatt. 

Otros tiempos, otros lugares, otras personas

Esta es Simoneta, la gata de mi hermano. Parece una rata. Sólo duerme y come, y cuando sale a buscar 'novio' no la vemos el pelo durante días. Supongo que regresa de nuevo cuando tiene hambre. Es una gata que se deja coger y acariciar y nunca se queja. Incluso ha intentado hacer buenas migas con Pakito, pero claro... Pakito es el rey de mi casa.

Hoy he terminado de hacer las labores que me propuse ayer. Lo malo del sábado es que cierran por las tardes casi todo. Aun así, hoy me pasaré a comprar ropa a Sfera y Massimo Dutti, pues las tiendas de ropa son las únicas que abren.
Cuando iba a Halcón Viajes me he acordado de otro día muy similar hace dos años. Recuerdo el sueño: viajar a Roma y tener los billetes en mano al día siguiente. Para mí, los mejores viajes son los que no se programan, los que haces sin pensar, como aquella vez. Si te pones a pensarlo nunca te terminas de mover (como les pasa a mis amigas de La Rioja). Y he intentado meterme en aquella persona de hace dos años, con aquellos nervios antes de coger el avión, cuando estaba finiquitando todo en la agencia. La única diferencia era el tiempo, porque entonces era julio y hacía un calor de mil demonios. Y me he acordado de algo que me pasó nada más llegar al Fiumicino o, más bien, cuando ya estaba en el centro de la ciudad por mis propios medios. Estaba en la estación de Termini cuando me llamaron por teléfono. "Hola, soy Nicola, te estamos esperando en el aeropuerto". Es curioso, todo un autobús esperando por ti, y tú ya llevabas media hora de tren hasta el centro (el aeropuerto de Fiumicino está a varios kilómetros de Roma, pegando a la ciudad de Ostia y, cuando aterrizas o despegas ves el mar en una impresionante panorámica desde las alturas). La verdad es que aquella vez no me informaron correctamente en Halcón Viajes, y yo desconocía que tenía que esperar al grupo y al guía para coger un autobús que nos fuera repartiendo por los diferentes hoteles. Yo llegué al hotel caminando, preguntando. Me dijeron que estaba cerca y llegué en unos diez minutos. Lo cierto es que estoy bastante acostumbrada a viajar como para no tener problema a la hora de desembarazarme en casi cualquier tipo de situación. La llegada a Roma fue cómica, pero lo fue más aquella misma noche cuando le pedí al camarero "Le conto, per cortesia" y se me acercó con el índice en alto para rectificar mis pequeños conocimientos de italiano: "Il conto, il conto". Obviamente, estoy más familiarizada con el francés. 
De momento me pregunto cuándo volveré a cogerme un avión con un destino, después de haber tardado cinco minutos en hacer la maleta. Mi amiga M. me ha hablado de un viaje que está proyectando a Brujas y Bruselas para septiembre. Pero sigo pensando que con tantos meses de antelación...

Y yo con estos pelos...

Junto a mi portal hay una peluquería Kenzo. La primera vez que fui tenía unas greñas de las que sobresalían tirabuzones larguísimos. Cuatro pares de manos pasaron por mi cabello mientras los rizos caían insalvables al suelo. Recuerdo que la conversación de las peluqueras era: "¿Cómo es posible que en tres años no hayas pisado una peluquería?". Lo cierto es que siempre lo dejaba pasar y yo no tengo maña para cortarme el pelo, excepto cuando en agosto me corté el flequillo.
Porque antes de ir a casa me di cuenta que quería flequillo, así que la víspera de coger el tren, con las tijeras frente al espejo me dejé, después de muchos años, flequillo. Varios meses después, en diciembre, comprendí que debería arreglármelo una experta, así que volví a la peluquería.
Creo que me tienen de ratón de laboratorio, porque siempre me hacen algo nuevo. Aquella vez la peluquera me arregló el flequillo, de hecho me cortó mucho más, que yo, por miedo, no me había atrevido a hacer. Hoy me han sacado las puntas hacia fuera.
Lo cierto es que intento no dejar pasar mucho tiempo. Si no tuviera una peluquería debajo de casa...

Metzengerstein

En una región húngara, había dos familias nobles enfrentadas desde hace siglos. Por un lado, estaba el viejo Wilhelm, conde de Berlifitzing, que no podía soportar que sus rivales fueran más ricos que él. De la otra parte estaba Frederick, barón de Metzengerstein, que aún no había alcanzado la mayoría de edad, pero había heredado muy pronto los vastos territorios de sus padres y se había dado una vida de lujo y placer. Decía la profecía que "Un augusto nombre sufrirá una terrible caída cuando, como el jinete en su caballo, la mortalidad de Metzengerstein triunfe sobre la inmortalidad de Berlifitzing".
Ocurrió por aquel entonces que las caballerizas de Berlifitzing sucumbieron a un incendio y el conde murió intentando salvar a sus animales. Muchos pensaron en la culpabilidad del joven rival, dado a las excentricidades y alocadas fiestas. Sin embargo, el joven Frederick estaba en su castillo rodeado de sus vasallos mientras, inconscientemente, contemplaba uno de los tapices de la pared. Era la imagen de un semental de color rojizo, mientras un Metzengerstein daba muerte a un Berlifitzing. Ensimismado estaba en la pintura, cuando se escuchó un tumulto que venía del exterior. El barón salió y, desde el umbral, comprobó que su sombra coincidía con el Metzengerstein del tapiz. Fuera, varios de sus hombres sujetaban a un potente semental de color de fuego, en cuya frente tenía grabadas las iniciales de su rival. Pero los hombres de Berlifitzing negaban que ese caballo fuera del conde. Un momento después, uno de los dibujos del tapiz se había borrado misteriosamente.
A partir de entonces Frederick no salía de sus dominios, declinaba fiestas y sólo buscaba la compañía de su caballo, al que no le puso nombre. Sólo un pajecillo se había dado cuenta de que el barón se estremecía cuando iba a montar sobre el caballo y, cuando regresaba, su rostro reflejaba una malignidad inaudita. 
Una noche, Metzengerstein se levantó y cabalgó con su caballo. A medida que las horas pasaban, sus sirvientes empezaron a preocuparse. Entonces, el castillo estalló en llamas y, entre las lenguas del fuego, vieron aparecer a un irreal caballo de color rojizo.

Este cuento es el primero de los publicados por Poe. La segunda vez que apareció llevaba el subtítulo Cuento a imitación de los alemanes
Tiene un aire marcadamente "gótico" y se acerca a la narrativa de los románticos alemanes. La presencia del tapiz, por ejemplo, abre la serie de decoraciones misteriosas y en extraña analogía con el drama. 

Hop-Frog

Ésta es la historia de un rey que murió, junto a siete de sus cortesanos, a manos de su bufón. El rey era tan bromista que siempre estaba con chanzas y risas. Hacía muchos años que habían raptado de entre los enanos a Hop-Frog, convertido en bufón de la Corte, y a Trippetta, una bailarina a la que todos adoraban. Los dos cautivos se habían hecho amigos inseparables.
Un día, al rey se le ocurrió celebrar una mascarada, y estaba con siete de sus cortesanos cuando hizo llamar a Hop-Frog para reírse y que les diera ideas de un disfraz original. Como el rey sabía que el bufón enloquecía al tomar vino le obligó a beber. Fue Trippetta la que salió en su defensa y el rey le tiró el vino a la cara. Entonces a Hop-Frog le llegó la elocuencia y una idea empezó a tomar forma en su cabeza. Les sugirió disfrazarse de Orangutanes Encadenados y hacer su aparición en el salón de baile a medianoche.
Trippetta era la encargada de preparar la decoración de ese salón, así que se supone que también fue su cómplice al cambiar la luz por antorchas de fuego y dejar libre de impedimentos la araña del techo. Las llaves de las cadenas del rey sus siete súbditos las tenía Hop-Frog que, finalmente, se venga de todas las ofensas que había cometido el rey, acercando una antorcha a sus trajes de lino y quemándolos vivos.

Algunos estudiosos ven en Hop-Frog a los compañeros de Carlos VI quemándose vivos en el famoso Bal des Ardents. Se sabe que Poe no leyó las Crónicas, y que posiblemente meditó frente a una miniatura que evoca el accidente, donde se ve en una de las salas del hotel Saint-Pol a los jóvenes príncipes metidos en sus disfraces de hombres salvajes cubiertos de pelos de la cabeza a los pies y ardiendo bajo las arañas de madera donde se consumen las velas de sebo.
Sin embargo, Poe pudo enterarse de este episodio a través del artículo del Broadway Journal (febrero de 1847), donde se contaba cómo Carlos VI y cinco cortesanos se disfrazaron de sátiros y cómo se incendiaron sus trajes. A esta fuente, podría agregarse Frogère, relato de un tal "Px" publicado en el New Monthly Magazine (1830), acerca de un bufón de la corte del zar Pablo de Rusia que, víctima de una broma cruel de su amo, se presta a colaborar en su asesinato.
Hay quien ve en Hop-Frog un valor simbólico: la realidad, tirana, mantiene en esclavitud a la imaginación, la obliga a servir de bufón, hasta que ésta se venga de una manera terrible.

Días gafes

Sales a la calle, con botas forradas y chaqueta de entretiempo. El calor te agota aunque sólo camines durante diez minutos por Gran Vía e intentes buscar la frescura de los soportales de piedra. Después de dormir dos horas, sólo deseas un buen colchón donde dar descanso a tus abotargados músculos.
En el Registro, después de mucho tiempo sin pasar por control, el guardia me ha pedido el bolso. Los ascensores estaban locos. Ni sabía si bajaban o subían. Llego al tercer piso y los registradores no están. Mi cara no es desconocida allí y Santos, que tendrá unos dos años más que yo, se presta solícito a hacer unas funciones que no son las suyas. Ya le había visto otras veces, incluso le había observado aburrido numerando impresos, revistas y boes. Su nerviosismo se ha visto incrementado cuando le he enseñado un manuscrito con ilustraciones de mi puño y letra: "Y bien, ¿tengo que firmar los dibujos?". Como era de esperar, él no tenía ni idea. Empieza a poner las horas y yo, alentándole a que agilizara: "Saca el impreso del banco y seguro que cuando vuelva ya habrán regresado los registradores". Me da un pilot para escribir y yo: "¿Marcará, verdad, marcará?". Iba tan lento que he tenido que urgirle a que se diera vidilla.
Al menos en el banco no había mucha gente. Al regresar, los dos registradores habían vuelto y yo ya pensaba que me tocaría esperar, pues había gente. Pero como lo mío estaba hecho, Ángel me ha llamado y le he explicado lo de los dibujos. Enseguida me ha sacado bolígrafo para firmar en huecos en blanco sobre la misma imagen. Allí una se siente como en casa. Como no había nadie más, me he sentado y le he explicado (Ángel es un amante de La Rioja) que me voy una temporada a casa.
Al salir he ido a Ibercaja. Supuestamente me habían mandado una tarjeta de crédito desde mi sucursal en La Rioja, pero allí dos tías diciéndome que no había llegado. Me he puesto de mala hostia. Han hecho dos llamadas, la tarjeta no está en Salamanca y en mi pueblo el cajero tiene gente y ha de buscarla. He terminado diciendo que si se ha extraviado que la cancelen. Me da que mi cuenta va a durar poco en este banco.
La cuestión es que yo creo que la tarjeta estaba en Salamanca (hace un tiempo me mandaron otra y me aseguraron que no había llegado, hablaron con mi cajero y, después de un rato, la tarjeta apareció). Hace quince días que se marchó el cajero y sé que me la envió entonces, incluso me llamó mi madre estando en la caja para decírmelo. El caso es que terminaré cancelando, porque si no la uso no la quiero (si no fuera gratis no la tendría).
Negra, bajo un sol veraniego desestimulante, he comenzado a caminar hacia casa. Más bien iba cojeando, porque las botas me han hecho rozaduras. He pasado por una agencia de viajes y estaba hasta arriba de gente. La una y mucha fila en todos los sitios. Mañana iré a las nueve, que seguro que no tengo que esperar, sabiendo lo "madrugadores" que son los salmantinos.
Finalmente me he pasado por una farmacia y me dice la chica: "Me tengo que quedar con la receta". Y yo: "Vale, no la necesito. De hecho, acabo el tratamiento la próxima semana, pero sino no podría dejártela". No ha tardado ni dos segundos en teclear el número de colegiado del médico en el ordenador.
Dos portales después de mi casa tenía que comprar el pan, pero no podía ni caminar, así que finalmente me he puesto deportivas y he ido a comprar el pan, no sin antes pasar por la peluquería para que me den cita para mañana. Sólo me queda coger el billete y ordenar mi casa, planchar, hacer la maleta y elegir todo aquello que voy a necesitar y lo que no.
Ha sido un día gafe, sí. Me quema lo de Ibercaja y que todas las agencias de viajes estén llenas de gente que planea viajes en Semana Santa (para que luego digan que hay crisis), por lo que no he podido sacar un triste billete de tren.
Finalmente he hablado con Alberto, que era su cumpleaños. Y, por supuesto, nos hemos liado a rajar sin parar.

viernes, marzo 20, 2009

El entierro prematuro

Cuando era pequeña vi una película de Alfred Hitchcock donde se enterraba a una persona viva. Tuve pesadillas con la misma y, desde entonces, mis padres me vetaron ciertas películas que podían avivar mi imaginación durante las horas dedicadas al sueño. A pesar de todo, aquellas imágenes se grabaron en mis retinas como a fuego y, al pasar los años, todavía me ponía nerviosa pensar en aquello que vi. Más tarde, intenté averiguar el título de la película. Creo que alguien me lo dijo, aunque no lo recuerdo ahora.

Justamente Poe toca este tema en El entierro prematuro, pues la peor de las muertes es aquella en la que eres consciente de que te han enterrado vivo y saber que morirás porque nadie puede salvarte, pues todos te tienen por cadáver.
Más que un cuento es una especie de lista de noticias reales del siglo XIX en que varias personas fueron enterradas vivas, algunas tuvieron suerte de ser escuchadas y otras perecieron y, tiempo después, encontraron sus huellas en el ataúd, huellas de golpes y uñas de una persona desquiciada por salir de esa rígida tumba. Muchos de estos casos se deben a la catalepsia, enfermedad por la que el cuerpo queda durante horas e incluso durante días, como muerto.
El protagonista de la historia está obsesionado con que, en uno de sus síncopes, le entierren vivo. Incluso tiene pesadillas mientras sueña y, en una de esas pesadillas, sueña que ha sido enterrado fuera de su bóveda funeraria, donde ha puesto todos los medios para salir en caso de que tal hecho terrible ocurriera. Y grita porque está bajo tierra y no tiene medios de sobrevivir. Finalmente todo es una pesadilla, pero se da cuenta de que en el momento en que haga desaparecer la obsesión también desaparecerán todos sus temores, incluso la catalepsia.

Si la perfección tuviera un nombre...

A veces, en la vida el azar nos lleva por senderos desconocidos hasta rincones inexplorados donde coincidimos con nuevas personas que dejan una profunda huella en nuestro dañado caparazón. Tan profunda como que nos resulta imposible desatar las ligaduras que nos aferran a esos rincones ocultos. Tan ocultos que sólo la casualidad de aquel momento nos hizo entrar en un mundo inusual al de costumbre.

Hace tres años, llegué a un sitio novedoso para mí. Jamás me hubiera imaginado inmersa en mundos que ni siquiera sabía que existieran. A pesar de ser ajena al tema, recibí una cálida bienvenida. Allí aprendí muchas cosas nuevas, demasiadas para describirlas en unas pocas líneas. Y allí estaba ÉL. Podría esbozar múltiples perfiles de este personaje y no me distanciaría mucho de la realidad, pero sólo diré que creó en mí una atracción tan intensa que, hoy, varios años después, resurge cual ave fénix entre las cenizas, y que sigo sin poder controlar. Ni que decir tiene que ahí comenzó el caos. A veces creo, inconscientemente, alrededor de mí tal destrucción que es imposible volver a reconstruirlo todo. Sé lo arpía que puedo ser si me lo propongo, pero yo a ÉL le quería bien. El problema fue que, al primer acercamiento por mi parte, ÉL me rehuyó. Que conste que la atracción tenía unos límites y que, por tanto, yo sólo podía ganármelo con palabras, gustos afines, literatura, música y cine. Y con el buen estar. Porque aún no he conocido a nadie que me aventaje en literatura, excepto ÉL. Entonces me fastidiaba algo, pero la curiosidad hacia ÉL se incrementaba día a día. A medida que yo intentaba un acercamiento, ÉL me evitaba. Así que busqué artimañas de todo tipo para llamar su atención. Y como soy consciente del poder (benigno o malvado) que pueden tener las palabras, sólo se me ocurrió vacilarle de una manera burda y cruel. Creo que jamás he desprendido tanta crueldad, tanto placer sexual y tanta perversidad con unas pocas palabras... sólo llevada por el motivo de llamar su atención. ÉL se enfadó, es obvio. Si a mí me dijera alguien todo lo que yo le dije a ÉL en su momento me cabrearía muchísimo. Sin embargo, hizo alarde de una enorme paciencia. Cuando todo se había estabilizado, cuando ÉL hablaba conmigo, después de todo, pero midiendo siempre lo que decía y yo suavizaba mis respuestas (de hecho me encantaba –y encanta- mantener largas conversaciones con él), yo desaparecí de una manera radical.
Desde entonces han pasado tres años. En este tiempo he pensado a veces en ÉL, en lo malvada que fui con alguien que no se lo merecía. Y en octubre, movida por un impulso de expiación, impulsada por que los hilos no quedaran a medio tejer, por arreglar todos aquellos malentendidos con ÉL, por firmar una paz duradera... regresé, le busqué.
Ese aura de tristeza que le convierte en alguien angelical, su bondad exacerbada, su cultura extrema, los gustos parejos... volvieron a hacer que mis sentidos se tambalearan de nuevo. Al principio fue todo bien. Éramos las mismas personas, pero las actitudes eran diferentes. Yo, en toda mi cordialidad y simpatía, evitaba los comentarios de antaño, cualquier mención que supiera hiriente. Y me he dado cuenta de que ÉL es como una droga que me ha llevado a la adicción. Si la perfección tuviera un nombre sería ÉL. Al llegar aquí cualquiera puede pensar que le amo con locura, pero no es amor, sino una atracción superior a la de hace tres años, una atracción que puede conmigo y me desubica. Es más serio, más maduro, es más perfecto, más seguro y sigue enfadándose por las mismas cosas que entonces. Pero ahora también sabe cuál es la mejor respuesta a mis palabras picantes. Estoy segura de que le quiero muchísimo, porque es una persona a la que sólo se le puede querer. No cabe el odio con ÉL. Es imposible no admirarle.
Poco a poco volví a decirle ‘perlitas’ como las de antaño, más sutiles y no tan exageradas, pero le di motivos de enfado. A pesar de que le he pedido perdón, ÉL ha optado por ignorarme. A pesar de que le conté todo lo que me impulsaba a decirle todo lo que le decía, ÉL no me respondió. A pesar de que le dije lo mucho que me dolería que me dejara de hablar, ÉL lleva varios días sin hablarme. Y eso es justamente lo que más temía, lo que más duele. Quizás no sabe las lágrimas que he derramado últimamente por impotencia, por su ausencia de respuesta. Entonces yo me pregunto: ¿por qué me afecta tanto? Me atrae, sí, pero ¿por qué no puedo soportar que me niegue la palabra? ¿Por qué llega un determinado momento en que necesito sacarlo todo fuera? ¿Y por qué sigo buscándole aunque no diga nada, intentando coincidir con él a pesar del dolor? 
A veces creo que, si estuviera tan saturada como hace tres años, sería capaz de dar la espalda fácilmente. Sin embargo, me resulta costoso, me cuesta marcharme dejando un descosido aquí, sabiendo que podría regresar en unos años y que volvería a repetirse la misma historia, y que ÉL seguirá causando esta terrible atracción devastadora en mí. Y lo peor de todo es que, aunque me lo proponga, no puedo controlarla.

El demonio de la perversidad

Este relato trata de los impulsos autodestructivos que mueven al narrador (que llama "el demonio de la perversidad"), por los que le llevan a hacer cosas por el mero hecho de que no debería hacerlas. 
Se habla de la frenología(*).
Un hombre asesina a su víctima a través de los efluvios letales de una vela envenenada. La muerte parece algo normal y el asesino hereda todo. Un tiempo después empieza a decir cosas que no debería hasta que confiesa su crimen, llevado por el "demonio de la perversidad".

Es importante hacer la distinción de la diferencia de sentido que la palabra perverse tiene para un inglés y un francés. Igualmente ocurre en castellano. Perverseness, 'perversidad', aquí no es gran maldad o corrupción (aunque pueda serlo), sino "el sentido de encarnizamiento en hacer lo que no se quisiera y no se debiera hacer". Por su parte, Poe lo explica al principio del relato.

(*) Frenología: Doctrina psicológica según la cual las facultades psíquicas están localizadas en zonas precisas del cerebro y en correspondencia con relieves del cráneo. El examen de éstos permitiría reconocer el carácter y aptitudes de la persona.

jueves, marzo 19, 2009

Un cuento de las Montañas Escabrosas

Este relato, publicado en una época avanzada de la producción poeiana, no alcanzó el prestigio que merece. 
Su tema ilumina doblemente la persona de Poe: el paisaje de las Montañas Rocosas es el que recorría con sus camaradas de la universidad de Virginia y las sensaciones, derivadas de la morfina, que experimenta Bedloe en su paseo provienen de una experiencia muy repetida a lo largo de la historia.
Es uno de los cuentos más irreales de Poe.

Nos cuenta la historia de un hombre, Bedloe, que sufre neuralgias; su doctor se llama Templeton y experimenta con él para poder ayudarle, necesita medicarse con morfina y además le practican experimentos que le producían somnolencia magnética (mesmerismo).

Un día salió a dar un paseo, como de costumbre, y comenzó a tener unas alucinaciones: se encontró en una ciudad india o árabe como las de Las mil y una noches y fue perseguido por varias personas, al final se vio muerto, pero él se desplegó de su cuerpo y siguió andando camino de casa hasta que volvió a sentirse en su cuerpo. Cuando llegó y lo contó, Templeton creyó que todo había sido un sueño pero Bedloe negaba que hubiera sido así. Un rato después, Templeton le enseñó un cuadro y un manuscrito que había hecho mientras a Bedloe estaba en su paseo. Lo que ponía en esos escritos era exactamente lo que Bedloe había vivido. Templeton le contó que ésa era la historia que le ocurrió a un gran amigo suyo llamado Oldeb en la ciudad india de Benarés.
Una semana después Bedloe murió, y en el periódico a pareció escrito como Bedlo (aunque es un error tipográfico), que es Oldeb a la inversa.

El personaje principal es Bedloe: un hombre alto, delgado y muy encorvado. Tenía miembros excesivamente largos y descarnados, la frente ancha y alta, la tez absolutamente exangüe, la boca grande y flexible y los dientes desparejados, aunque sanos. El temperamento de Bedloe era sensitivo, excitable y exaltado en el más alto grado. Su imaginación se mostraba singularmente vigorosa y creadora, y sin duda sacaba fuerzas adicionales del uso habitual de la morfina, que ingería en gran cantidad y sin la cual le hubiera resultado imposible vivir.

El reloj de cuco

Mi tío P. siempre me ha agasajado con regalos desde que tengo uso de razón, lo que nunca hizo con mis hermanos ni con mis primos. Alguna ventaja debía tener el hecho de nacer mujer en un nido de varones.
Uno de los primeros regalos que me hizo, cuando aún no llegaba a comprender su funcionamiento, fue un reloj de cuco. Me taladraron la habitación para colgarlo. Era una casita de madera con dos niños que se dirigían hacia un cubículo que quedaba a un lado y, cuando el reloj daba las horas, de ese cubículo salía una bruja y, encima de la esfera, un cuco cantaba incansable (fuera la hora que fuera).
Era feliz escuchando el tic-tac del paso del tiempo, aunque mis padres no eran de la misma opinión. Desde su dormitorio oían al pajarraco cada noche, a cada hora, sin parar. Y yo, acostumbrada a dormir con ese sonido, ni me daba cuenta. Cada mañana, mi madre paraba el reloj y, cuando yo entraba a mi habitación, lo volvía a poner en marcha de nuevo. Recuerdo que tenía que saltar porque no llegaba al péndulo que estaba parado justo donde comienzan las cadenas que sostienen las piñas.
El reloj de cuco sigue colgado donde siempre, pero ya no sale a cantar las horas. 

Los relojes de cuco siempre han producido un magnetismo incontrolable sobre mí. Hace unos años, cuando estuve en la Selva Negra, me sentí en el paraíso. Allí fabrican relojes de cuco a mano y los veía por todos los sitios, delicados y con una manufactura exquisita, con miles de detalles que se escapaban con una simple ojeada. Ni que decir tiene que traje uno, mucho más grande que el mío. No era para mí: se lo regalé a mi tío P.

Un poco de historia...
Los relojes de cuco tienen su origen en el siglo XVIII en la Selva Negra. Llevaban un pájaro autómata que, a cada media hora, aparecía del interior del reloj diciendo "cucú". En Sachonach se pueden ver los relojes de cuco más grandes del mundo.

La máscara de la Muerte Roja

La Muerte Roja se fue extendiendo cual plaga sobre los habitantes de un país. Su sello era la sangre y, poco a poco, iban muriendo. El príncipe Próspero se llevó consigo a mil hombres y damas y se encerraron en una abadía fortificada, donde nadie podía entrar ni salir. Cuando ya llevaban unos meses, el príncipe decidió hacer una fiesta de máscaras cabían todo tipo de disfraces, tanto sobrenaturales como grotescos.
Había dispuesto siete salones para el baile; los seis primeros, cada uno de un color, y los cristales del mismo tono que cada salón. El séptimo estaba cubierto con cortinajes de terciopelo negro y los cristales eran de color escarlata. En un rincón había un reloj de ébano que sonaba a cada hora y entonces la música callaba y todos escuchaban con temor para volver a bailar después.
Nadie entraba en el salón de terciopelo negro. Pero a eso de las doce, cuando el reloj de ébano empezó a sonar, un intruso llegó a los salones y todos se escandalizaron al verle. El recién llegado llevaba una mortaja cubierta de sangre. El príncipe Próspero quiso apresarlo y le siguió a través de todos los salones hasta el de los cristales rojos, donde cayó muerto. La mortaja estaba vacía y entonces, tarde, todos se dieron cuenta de que la Muerte Roja había entrado en la abadía.

El tonel de amontillado

Montresor estaba harto de las ofensas de su amigo Fortunato, pero cuando llegaron los insultos se prometió que se vengaría. Amasó la venganza durante un tiempo hasta que llegó la oportunidad de llevarla a cabo. Montresor sabía que su amigo era legal en la cata de vinos y ahí encontraría el ardid para devolvérsela. 
Eran carnavales cuando se lo encontró. Fortunato iba disfrazado de bufón y los cascabeles sonaban al caminar. Montresor le engaña diciendo que tiene un vino amontillado en un tonel, que quiere saber su opinión experta. Llegan al palazzo y los dos hombres bajan a las criptas donde se encuentra la bodega. A medida que van caminando, Montresor va sirviéndole vino a su compañero. Finalmente le encierra en un cuartucho, le pone cadenas y comienza a construir una pared. En medio de los efluvios etílicos, Fortunato cree que es una broma. De repente, se hace el silencio. Medio siglo lleva Fortunato detrás de la pared.

"Todo el espíritu de El tonel de amontillado depende del disfraz carnavalesco de Fortunato, el gorro de cascabeles y el traje de bufón. Una vez que Poe acertó en vestir a su víctima grotescamente, halló la clave del cuento". (R. L. Stevenson)

En mitad de la noche

He vuelto a desvelarme en mitad de la noche. Los monstruos y los fantasmas amartillan mi cabeza una y otra vez. Al final, me lío leyendo a Edgar y es un sin parar. Siento la agonía de mis músculos que buscan un descanso que nunca me abrazará.
Y entre las brumas de recuerdos ha llegado la ráfaga de la primera vez que pasé una noche en vela. Tendría unos cuatro años y lo sé porque tengo ligeras nociones de lo que me rodeaba. Era nuestra primera casa. Mi familia se mudó un año después a otro lugar. Y lo que recuerdo son las rendijas de la ventana y la luz difuminada de la luna que se colaba en la habitación. Recuerdo que mis ojos se habían familiarizado con la oscuridad y que mi hermano dormía plácidamente en la otra cama.
Desde entonces he pasado muchas noches desvelada, buscando la luna y una estrella muy brillante.
Se avecinan cambios, muchos cambios. Y el motivo de esos cambios incrementa mi ansiedad, la maldita ansiedad que no me deja dormir. Me espera un día de zombies.

Un descenso al Maelström

Un anciano y un viajero suben hasta el alto acantilado que sobresale por encima del mar. Allí, venciendo al vértigo, miran hacia el agujero abismal que se abre a las profundidades oceánicas. El anciano le cuenta al noruego cómo estuvo en medio de la vorágine, cuando él y sus hermanos acostumbraban a pescar cerca del Maelström(*), hasta que un día les pilló. Estando en el cinturón del remolino, el anciano comprendió que los cuerpos cilíndricos eran más difíciles de atraer que las esferas y se ató a un barril que le salvó la vida, mientras su hermano menor fue engullido por el remolino.
Cuando los pescadores le recogieron, su pelo era blanco y las arrugas habían poblado su rostro. Nadie le creyó.

(*) Maelstrom, Moskoëstrom, Mælstrøm, Mailström o Moskstraumen es un gran torbellino que se halla en las costas meridionales del archipiélago noruego de las Lofoten, en la provincia de Nordland.
Con más precisión se le ubica entre las islas Sørland y Værøy de dicho archipiélago, en la latitud de los 67°48′05″N 12°47′49″E.
El Maelstrom se forma por la conjunción de las fuertes corrientes que atraviesan el estrecho (llamado Moskenstraumen) entre las islas mencionadas y la gran amplitud de las mareas.
El topónimo Maelstrom deriva de la palabra compuesta neerlandesa malen (triturar) y stroom (corriente). En noruego el nombre más frecuente es Mosktraumen o Moskentraumen (corriente de la [isla] Mosken).

miércoles, marzo 18, 2009

El corazón delator

Se ha visto en este relato una expresión de las obsesiones sádicas de Poe. La admirable concisión del relato, su fraseo breve y nervioso, le dan un valor oral, de confesión escuchada, que lo hace inolvidable.
La forma en que estalla en protagonista, a través de la audición, lo convierte en algo sublime.

Un hombre confiesa haber matado al viejo porque odiaba su ojo de buitre. Así que todas las noches se acercaba sigilosamente a su cuarto y metía la cabeza en la oscuridad mientras observaba cómo dormía. Pero una noche el viejo se despertó y el hombre que le espiaba escuchó los fuertes latidos de su corazón. Era miedo. Aprovechó la oportunidad para matarle y después lo descuartizó y escondió las partes bajo las tablas del cuarto. Nada grave parecía que hubiera ocurrido allí.
En la madrugada, unos golpes sonaron en la puerta. Eran tres oficiales de la policía, que habían sido avisados por un vecino que había escuchado un fuerte alarido. Registraron la casa y ante la tranquilidad del asesino, que alegó que el viejo no estaba, se sentaron a charlar en el dormitorio bajo cuyas tablas estaba el cadáver descuartizado. Al principio, la conversación siguió animosa. Pero el asesino comenzó a escuchar en sus oídos los fuertes latidos del corazón del viejo. Comprendió que los otros estaban fingiendo y, al final, con ese ruido insoportable en sus oídos, confiesa su crimen.