Cuando he llegado a casa, me he sentado en el ordenador y he abierto una página en blanco. He escrito sobre el mar. Cuando he empezado a escribir no podía parar. Igual necesitaba un pequeño empujón para escribir, pero viéndolo desde otra perspectiva: no escribir grandes cosas sino un poco cada día. Y cada día un poco más.
Veía mis dedos escribiendo y sentía que la magia fluía por ellos. En diez minutos he escrito una página y en otros diez más me he dedicado a pulir lo que había escrito. Entonces he parado. He releído y me ha gustado. Y sé que mañana lo reanudaré.
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