Esta tarde he cogido un paraguas y he salido a la calle. No podía parar en casa. Caminaba y sentía la frescura.
Son mis últimas horas de 40. Todavía me cuesta escribirlos y, de hecho, he tenido que pensar qué números de velas tenía que coger. No me cuesta cumplir años, es que en mi mente aún sigo en los treinta y tantos. Como inconscientemente. Como si no me sintiera de 40.
Cuando he llegado a casa lucía el sol.
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