domingo, abril 08, 2018

Escapada de Semana Santa: Segundo día en Gijón

Oleaje en la playa de San Lorenzo, Gijón

Siempre me gusta dedicar un día a los museos, y en Gijón no iba a ser menos. Como la víspera en la Oficina de Turismo me habían dado un listado de museos, estuve revisando cuáles ir a ver. Había uno que me llamaba especialmente la atención, que era el Museo del Pueblo de Asturias, pero maldita suerte la mía, que se abre de abril a septiembre. Es decir, que si hubiera visitado la ciudad una semana más tarde podría haberlo visitado, pero no pude verlo, así que opté por otros museos, como la casa de Jovellanos, el Museo del Ferrocarril y el Acuario. De todos ellos, ya antes de pisar Gijón tenía clarísimo que me dejaría caer por el Acuario. No es tan impresionante como el de San Sebastián, pero merece la pena una visita.
Edificio en Gijón

Fui caminando y es que pasear por Gijón era un placer para los sentidos, sobre todo porque es una ciudad muy cuidada, con sus edificios conservados, la mayoría con contraventanas y enrejados y fachadas de colores. Cuenta con una enorme cantidad de edificios modernistas o que emulan el modernismo de principios del siglo XX. Reconozco que disfruto mucho con los edificios modernistas, sus líneas sinuosas, sus formas redondeadas, sus colores llamativos, sus vidrieras, la utilización del hierro, los azulejos coloridos, la utilización de materiales dispares y un largo etcétera.
Casa natal de Jovellanos, Gijón

Llegué a la Casa Museo de Jovellanos, edificio que se encuentra junto a la plaza del Ayuntamiento y que, por ende, no tiene pérdida. Se trata de una casona de piedra que se levantó en 1548 y que sufrió diversas reformas en los siglos XIX y XX hasta llegar a su aspecto actual. Se trata de la casa hidalga de los linajes Jove-Labandera y Jove-Llanos, donde el 5 de enero de 1744 nació Gaspar Melchor de Jovellanos, escritor, jurista y político español de bastante renombre. 
Sala dedicada a Jovellanos, casa natal de Jovellanos, Gijón

Entre sus obras literarias, cabe destacar El delincuente honrado, Elogio de las bellas artes y Escritos sobre la tauromaquia, entre otros. Con respecto a la política del momento, escribió su Informe sobre la ley agraria, Memoria sobre educación pública, Memoria sobre las diversiones públicas y Escritos económicos, entre otros.
Golpe de mar, Juan Martínez Abades (1912), Museo casa natal de Jovellanos, Gijón

El palacio cuenta con un amplio claustro que alberga obras de artistas asturianos de los siglos XIX y XX. De Jovellanos hay una sala con objetos cotidianos: varios bargueños decorados con innumerables cajones, algunas obras originales de Jovellanos, un enorme cuadro del autor que reina en toda la sala, el manto de caballero de la Orden de Alcántaria, baúles antiguos, un escritorio de la época y algunos cuadros de personajes vinculados a la familia.
Retablo del Mar (la rula de Gijón), Sebastián Miranda (1931)

De la casa de Jovellanos hay algo que me gustó muchísimo y que se encontraba en la última planta. Se trata del Retablo del Mar (también llamado La rula de Gijón), del autor Sebastián Miranda. Me pareció una obra magnífica.
En 1931, Gijón contaba con dos edificios para la venta del pescado: la rula del Muellín y la lonja de Contracay. La primera era una sociedad privada especializada en la pesca de altura que dependía de la Unión de Armadores y Buques Pesqueros del Muellín. La lonja de Contracay era una organización cooperativa que se dedicaba a la pesca de bajura. 
Las dos tenían la misma distribución arquitectónica. En la parte baja se colocaba el pescado dispuesto para la venta, y en el piso superior se asentaban los compradores. 
Retablo del mar en escayola, Museo casa natal de Jovellanos, Gijón

El Retablo del Mar recoge una ajetreada y bulliciosa subasta de pescado en el interior de la rula del Muellín. Modelado originalmente en barro por el artista, lo vació en escayola para terminar policromándolo. Fue destruido durante la Guerra Civil y reconstruido en las siguientes décadas. En 1972 se termina la última versión en madera, realizada a partir de una copia en escayola del primer Retablo
Es una obra muy realista e impactante. 
Playa de Poniente, Gijón

Un rato después me encontraba en la Playa de Poniente. Había ido rodeando todo el litoral y había observado el día nublado y las olas aprovechadas por un grupo de surfistas. La Playa de Poniente es muy pequeña en comparación con la otra playa. En aquel momento estaban las calles aledañas cortadas con motivo de un duatlón.
Entrada al Museo del Ferrocarril de Asturias, Gijón

Cuando conseguí cruzar la calle me di de bruces con el Museo del Ferrocarril. Ubicado en una antigua estación de trenes, el museo alberga varios tramos de vías en los que se pueden ver trenes antiguos, así como el antiguo tranvía de Gijón. Al final hay una zona donde se puede ver un taller de reparación de antiguos ferrocarriles.
Antiguo tranvía de Gijón

Ni que decir tiene que como adoro los trenes, disfruté bastante en este museo. Estoy convencida de que si mi sobrina Paula hubiera venido conmigo también hubiera disfrutado, porque desde muy pequeña también adora los trenes.
Locomotoras y trenes antiguos, Museo del Ferrocarril, Gijón

Aparte de los objetos ferroviarios, descubrí en una sala a un hombre que se encontraba trabajando sobre una maqueta inmensa y me dijo que estaba hecha a mano en su integridad y que iban a seguir ampliándola.
Acuario de Gijón

Justo detrás del Museo del Ferrocarril se encontraba el Acuario de Gijón. El acuario nos sumerge en un gran viaje por los mundos del agua, que se inicia en los ríos cantábricos con esturiones y nutrias y que continúa su por todos los mares del mundo con tiburones toro, pingüinos y longevas tortugas.
Tiburón, Acuario de Gijón

En realidad el acuario es un edificio gigante, pero la mayor atracción son los tiburones. Caminar por el acuario era ir a pasos lentos porque la visita estaba llena de pequeños, y eso es algo habitual en cualquier sitio donde haya animales vivos a los que observar. De hecho, en el momento en que visité el acuario estaban los buzos dando de comer a los animales, era curioso ver cómo el buzo llamaba la atención de los tiburones mostrándoles los peces que terminarían siendo su comida.
Edificio en Gijón

Ese día comí en el acuario y después regresé por calles que no se encontraban junto a la playa, con el fin de ir descubriendo otro Gijón. Me sumergí de lleno en una zona de bares, y seguí disfrutando de los edificios modernistas. Se estaba nublando y vaticinaba lluvia en unas pocas horas.
El resto del día estuve paseando por los lugares céntricos y cercanos al hotel: Calle Corrida, Jardines de Begoña y paseo marítimo, nada nuevo de lo que no haya hablado ya. De momento, el día de museos llega a su fin.

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