miércoles, abril 25, 2018

Un libro que me transporta a Berlín

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Unter den Linden y la Puerta de Brandeburgo, Berlín

Ayer por la noche empecé un libro y, si sigo leyendo, es posible que hoy lo termine. No sé cómo lo hago últimamente que algunas novelas no duran mucho en mis manos. Eso me recuerda a que mejor aprovecho hoy que mañana a estas horas no podré leer. 
Verdaderamente me ha hechizado ese Berlín que describe en la novela. Me trae recuerdos. Visité Berlín hace al menos una década y es una ciudad que me enamoró. Allí cayeron los tópicos preconcebidos sobre todo lo alemán. Me enamoré del país y de sus gentes. Todo lo que desde fuera me parecía brusco, empezando por el idioma, no lo era tanto. Y recuerdo con una precisión indefinida caminar por Unter den Linden para desembocar en la Branderburger Tor, traspasarla y comprobar las diferencias entre uno y otro lado, luminoso viniendo desde Unter den Linden, gris desde el otro lado, con un parque inmenso con innumerables fotografías en homenaje a todos aquellos que quisieron escapar al otro lado del Muro y fallecieron en el intento. Las diferencias son palpables... y todo en la misma ciudad. 
Hace poco pensé en que sería buena idea volver a visitar Berlín. Allí donde empezó mi afición a la cerveza. Diré que yo no bebía cerveza hasta que visité por primera vez Alemania y me propuse beber el mayor número de cervezas. Claro que allí pedía Ein Pils, bitte! y me ponían una jarra de medio litro. En realidad, Pils es una marca de cerveza, pero se ha generalizado tanto que es como si pidiéramos una caña, y la mayor parte de las veces me preguntaban qué cerveza quería. Medio litro cada vez. No me extraña que terminara aficionándome a la cerveza.
Regreso a la novela, que está interesante.

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