Una amiga me ha llamado al mediodía. Le he dicho que si quedábamos luego no me ponía el pijama. Me ha respondido que no sabía a qué hora quedaría libre.
Así que me he puesto el pijama y me he puesto a leer. Ya no tengo nada que hacer más que hacer cosas que me gustan hasta mañana.
Tardes así se agradecen.

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