Hace unos dos años conocí a alguien que tiene unos magníficos ojos verdes. Tanto como para dejarme sin palabras en una reunión porque sentía su mirada clavada en mí. Le dije que tenía unos ojos preciosos. A veces hablábamos, de un tiempo a esta parte apenas hablamos. Hoy he visto una foto de sus ojos y he vuelto a hablar con él... entonces he recordado por qué me distancié de él. Recuerdo que una vez me mandó una foto de un tatuaje supuestamente suyo, que no era suyo. Pero yo había visto ya antes ese tatuaje... Si algo me sobra es memoria fotográfica. Así que en varias ocasiones me envió fotos supuestamente suyas sin ser suyas. La de hoy tampoco son sus ojos. Sin embargo, no le he dicho nada.
Cuando una persona miente no es que mienta a los demás, sino que se está mintiendo a sí mismo.
A nadie le gusta que le mientan. No concibo que se mienta cuando no hay ninguna necesidad para ello, como en este caso.
En la universidad había una compañera de residencia que nos contaba unas historias que a veces parecían increíbles. En realidad la mayor parte de lo que contaba era mentira y ella se creía sus propias mentiras. En un tiempo tuvo que ir a un terapeuta y cuando regresó nos pidió perdón. Una tarde estábamos con ella y se hacía la víctima, tanto como para tumbarse en la cama como si tuviera algún problema físico. En cierto momento, harta de tanta tontería, le dije: "La primera que tiene que querer curarse eres tú". A partir de entonces pareció mejorar. Yo creo que tenía un verdadero problema. Y una gran inteligencia para recordar todas las mentiras que nos había contado. Pero era un problema más profundo: en realidad no lo hacía de manera intencionada.
No soporto la mentira, y eso no quiere decir que yo a veces no haya soltado alguna mentirijilla, pero en las cosas verdaderas hay que ser sincera. Para mí la sinceridad y la honestidad son básicas para cualquier tipo de relación social. Y si no existe eso no se puede empezar bien.
También habría que calibrar el tipo de mentira. Del de los ojos verdes me alejé porque habían sido muchas veces las que se hacía pasar por otra persona. La primera vez me reí, se lo dije y, pese a ello, seguía haciéndolo. Entonces yo no tengo tampoco necesidad de escuchar tonterías, de las que no sé qué tengo que creer y qué no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario