lunes, marzo 05, 2018

Sayonara!

Pensaba que mi hermano se había olvidado de mí y de su hija mayor. Pero no. He sacado todos los objetos de Japón que he preparado a mi sobrina para que hable de Japón y a mi hermano sólo se le ha ocurrido que lo mejor sería llevarse mi álbum de Japón para que mi sobrina me muestre en público. A mí, que huyo de las fotos y únicamente hago álbumes digitales para que las fotos no se queden relegadas en una carpeta del portátil... Le he dicho que se lo preguntara a mi sobrina, y si ella quería se lo dejaba.
Luego le he explicado qué eran los dos objetos que se llevaba...
El Sarubobo (bebé de mono), un muñeco sin rasgos faciales, que trae buena suerte. Aunque en Japón cualquier objeto, animal o creencia es susceptible de traer buena suerte. Se lo he hecho repetir varias veces.
No creo que el muñeco japonés regrese a mi casa. 
La O-Torii (puerta) se ubica en el acceso a cualquier recinto sagrado. Me traje una réplica en pequeño. Supongo que mis sobrinas me devolverán la puerta, aunque es posible que la utilicen para casita de las Barbies.

Luego le he dado cantidad de postales explicadas por detrás, una cartera hecha de papel de arroz, y un libro con caracteres japoneses. Tuve que traerme un libro, pero como no comprendo el japonés es un cómic con formato de libro. 

He estado buscando una cajita con papel de oro porque el tema del papel de oro me hechizó. Pero no he encontrado la cajita, aunque sé que la tengo en mi casa. Estuve en una fábrica artesanal de Kioto donde se fabricaba manualmente este tipo de papel que allí tiene mucha demanda. Es típico de allí que cuando se rompe un objeto no lo tiran, sino que pegan los fragmentos y en las grietas que quedan ponen papel de oro, por lo que cuanto más papel de oro haya en un objeto más valor tiene. Aquí si rompemos un jarrón lo tiramos y ya está, allí lo reconstruyen con papel de oro en las juntas. Creo que es un magnífico mensaje, ya que allí valoran la duración y permanencia de las cosas dándoles un valor inestimable, mientras que aquí enseguida renovamos, y en este caso no nos planteamos casi nunca si conviene renovar o arreglar lo roto y/o viejo. Aquí tenemos un enorme contraste en la mentalidad. Uno de los numerosos contrastes que me encontré.

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