domingo, marzo 25, 2018

Cambios de última hora

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Lo que se preveía como una tranquila Semana Santa en casa va tomando forma para convertirse en una escapada sin pensarlo mucho.
Todo ha empezado con una llamada de mi madre preguntándome si no me voy a marchar para desconectar. Y entonces he sentido el gusanillo de viajar. Es la segunda vez en este mes que mi madre me pregunta al respecto. 
Como estoy apretada en el tiempo no voy a salir de España, pero sí cambiaré de aires. Todavía puedo dar marcha atrás porque no he comprado los billetes ni he mirado alojamiento. Y es que estoy decidiendo aún el destino, que estoy entre dos ciudades que distan poco la una de la otra. 
No es la primera vez que lo hago, ni creo que será la última. Eso de decidir a última hora marcharme y desaparecer. Lo rumiaré esta noche y mañana decidiré el sitio, buscaré alojamiento y cómo ir. 
He pensado que no tengo ganas de quedarme y que llevo mucho tiempo sin moverme. 
Lo primero que he hecho ha sido llamar a una amiga para preguntarle si viene a uno de los dos destinos entre los que tengo que elegir mañana. Y me ha dicho que tiene eventos y cenas esta Semana Santa. "Como yo", le he dicho. Pero llegará el verano y también habrá comidas y cenas. Justamente eso es lo que no me permito hacer una vez he decidido marcharme, eso de que aquí me retenga algo o que tenga que esperar a alguien para salir. Si esperara nunca saldría de casa. Eso es algo que siempre he tenido muy claro. 
Entonces mañana decidiré. Tengo el gusanillo y la decisión está tomada. Me marcho, claro que sí. Ya no voy a cambiar de opinión.

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