sábado, marzo 10, 2018

Para perderse

En numerosas ocasiones, cuando estoy leyendo, paro la lectura para mirar algo.
Antes lo hacía cuando había alguna palabra cuyo significado desconocía. Ahora no tengo que tirar mucho de diccionario pero sí siento curiosidad cuando hablan de alguien que me resulta desconocido o cuando describen lugares que me llaman la atención. También me empapo de historia cuando se describe un hecho histórico puntual del que no he oído hablar o no recuerdo bien de cuando lo estudiaba.

Bulgaria. Me resulta un país desconocido. Lo ubico en el mapa y sé cuál es su capital. También sé que fue uno de los países de la órbita soviética tras la Segunda Guerra Mundial y, por tanto, con un pasado comunista. Y poco más puedo decir de este país.
Así que la novela actual me hace detener la lectura cada poco tiempo. Y es que, aunque siga, mi mente continúa dando vueltas y finalmente tengo que parar.
Así he descubierto los Montes Ródopes y sus rincones insólitos. De hecho, los pueblos de esas montañas están construidos en las rocas, como si pendieran del monte. En el libro describe que llega cierto momento en que no pueden continuar en coche.
Así que he empezado a curiosear y he pensado que sería un lugar mágico para perderse. Seguro que ni siquiera hay cobertura. Es ideal para perderse.
Lo que ocurre es que Bulgaria sigue estando estancado económicamente. En las zonas rurales sigue habiendo caballos y burros en vez de vehículos. Claro que viendo las imágenes de esos pueblos de montaña es comprensible.

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