Ermita de las Conchas, Isla de La Toja
Sólo he estado en Galicia una vez, con catorce o quince años. Mis padres nos llevaban a veranear durante diez y quince días en agosto. Generalmente íbamos al Mediterráneo, pero aquel año decidieron ir a las Rías Bajas. Ni que decir tiene que yo iba con desgana porque mis padres siempre elegían las semanas de agosto en las que se celebraban las fiestas de mi pueblo. Eso en la adolescencia era importante, porque todas mis amigas hablaban de las muchas ganas que tenían por que llegaran ¡y yo no había disfrutado nunca de las fiestas de mi pueblo! Entonces no me daba cuenta que la verdadera afortunada era yo, porque entonces éramos una de las pocas familias que veraneábamos en el mar todos los veranos durante más de una semana. Pero cuando eres adolescente no te das cuenta de eso, también influye que es la época de los primeros amores, y ésos estaban siempre cerca. Posiblemente después de las fiestas se marcharan a sus residencias habituales...
La cuestión es que mis padres decidían que nos marchábamos en agosto y nos marchábamos durante días. Un año tocó Galicia. Recuerdo que teníamos alojamiento en Sanxenxo, que pasamos a Pontevedra, que fuimos de excursión a A Toxa y O Grove, y que... vine encantada con esa tierra.
El Atlántico es frío, violento. Recuerdo a mi madre diciendo que no me metiera al agua de repente porque estaba muy fría, pero no me importaba. Veíamos helicópteros y estirábamos el cuello a ver si detenían a alguien, "a los de la droga". Recuerdo la gracia que me hacían las gallegas vendiendo collares de perlas en la isla de A Toxa, y es que me hacía gracia el acento tan cerrado. Recuerdo lo larga que era la playa de La Lanzada, kilómetros y kilómetros de arena. Recuerdo el color verde de O Grove y sus casas (o pazos) de piedra. El día de O Grove llovía.
Recuerdo una capilla de conchas blancas en la isla de La Toja, lo recuerdo con total nitidez porque tengo una foto donde sale la fachada blanca a mis espaldas. Y es que La Toja la recuerdo perfectamente por el gel, cuyo origen se encuentra allí.
Tengo muy buenos recuerdos de Galicia. Es la única vez que he ido. Y hay varios sitios que quiero conocer. Pero, entre unas cosas y otras, siempre lo he ido dejando. En principio, Santiago de Compostela siempre me ha llamado la atención, pero con veinte años teníamos un sacerdote en nuestro pueblo que había hecho el Camino de Santiago en varias ocasiones y queríamos que nos guiara. Se llevó a los del pueblo colindante, por donde ni siquiera pasa el Camino de Santiago. Siempre quise llegar a Santiago caminando, pero pensándolo bien, es una idea que deseché hace tiempo. Entre que necesito un mes como mínimo para hacerlo de Roncesvalles hasta Santiago, y que no quiero hacerlo por etapas, amén de que tendría que entrenarme caminando a diario, seguramente la próxima vez que vuelva a Galicia será a Santiago... pero no caminando y obviamente en una época donde no haya muchos peregrinos ni coincida con un Año Xacobeo.
Otra ciudad que quiero conocer es La Coruña. Me parece una ciudad preciosa, y bien vale una visita. Y ya de paso, me gustaría visitar el Faro de Hércules.
Lo poco que conocí de Galicia me encantó. De adolescente debería haberme documentado más sobre las Rías Bajas, al menos para poder rebatir a mis padres que me iban a llevar al criadero de los mayores narcotraficantes de la Península Ibérica.
Seguramente hoy todo está muy cambiado. Aquellos eran los felices años 90. Hace muchos años. Pero me pareció una tierra preciosa, y sus gentes son muy amables. Tengo buenos recuerdos.
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