
Hoy puedo decir que quedan 31 días para que cumpla los 41. Este último año se me ha pasado tan rápido que apenas me he dado cuenta. Me parecía un mundo cambiar de decena y me acostumbré demasiado pronto.
Se puede decir que todos los 14 de marzo pienso en que empieza una especie de cuenta atrás y empiezo a despedirme ya de la edad actual.
A veces cae en Semana Santa, como el año pasado, y surgen cosas inesperadas.
El año pasado, la víspera, mi grupo de amigos decidió comer en la ermita y al aire libre ese día y llevé el postre, como no podía ser de otra manera.
Por la mañana me felicitó una amiga a la que hace tiempo que no veo y decidió venir a verme, con lo que estuve tomando un café muy largo en una terraza al sol. Lo único que tenía pendiente era cruzar la calle y pasar a la pastelería a por dos tartas de nata -porque con una no nos iba a llegar para todos los que nos habíamos apuntado a comer ese día-.
Mis sobrinas, que también estaban en la comida, soplaron las velas de las tartas y luego me dieron los regalos. En realidad me los abrieron ellas.
Cuando volvimos al pueblo, otra amiga me dio un paquete que era un libro firmado por la propia autora. Que todavía no he leído y tendré que hacerlo en las próximas semanas.
Fue un día mágico, porque surgió esa comida y allí estaban los amigos más cercanos del pueblo. Así que me ahorraron unas cuantas llamadas. Porque es cierto que a eso de las ocho de la tarde estoy deseando que termine el día porque el teléfono no deja de sonar.
Este año cae sábado. Ni siquiera me planteo si lo celebraré aquí o con mis padres. Lo justo sería celebrarlo con ellos, ya que el año pasado, al surgir esa comida de amigos, con mis padres lo celebré al día siguiente. Todavía queda un mes... ya se verá.
De momento me voy concienciando de que ya puedo irme despidiendo de los 40.
No hay comentarios:
Publicar un comentario