Esta tarde he pasado cuarenta minutos riéndome. Y no hay nada como reírse de todo -incluso de una misma- para terminar bien el día. Porque hay personas que siempre tienen una sonrisa en los labios y al final reír es contagioso.
A mí me viene bien reír y, de hecho, debería reírme más a menudo, porque es una magnífica vía de escape para descargar.
Ya puede nevar y hacer frío, ya puede ser un día triste, que mientras tengamos las risas todo será más llevadero.
Todos los días deberían tener un instante dedicado a reírse.
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