jueves, enero 24, 2013

Una flor entre la niebla

Hoy se cumple un año desde que mi tío Pepito nos dejara para siempre. Aún recuerdo la fatídica llamada, un 'no te asustes' con una voz que no presagiaba nada bueno, cómo sentí que algo se rompía por dentro, cuando marqué para dar la noticia a mis padres y a mis hermanos, sin recordar que mecánicamente dejé todo y me encaminé al coche, como si me encontrara en una burbuja y aquello no fuera real. Eran las dos de la tarde de un 24 de enero de 2012.
Fui a casa de mis tíos, donde aún pude ver a Pepito de cuerpo presente. Las siguientes horas me encontré en trance, agolpándome los recuerdos de la persona que se acababa de marchar: cuando me llevaba a Burgos y me compraba un vestido (y lo que quisiera), cuando me contaba su sueño de crear una Asociación Cultural (ostentando él el cargo de Mayordomo), cuando me enseñó mecanografía con nueve años, cuando le preguntaba conceptos de latín (le debo haber aprobado latín en COU), sus caminatas a la ermita cada día independientemente del tiempo que hiciera... Son tantas cosas.
Ya ha pasado un año. Y ahora vuelven a agolparse los recuerdos.

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