No me gusta la nieve. Pero cuando llega, sólo tengo que pensar en un ángel para sentir cierto calor en mi alma y en mi corazón.
A veces me pregunto dónde estará y otras prefiero no pensar en ello. Sólo que hay ciertas cosas que inevitablemente me llevan a pensar en él.
Es duro no saber de él. Es complicado el silencio. Me pregunto si esto es amor, o si es fruto del desamor.
Yo le sigo queriendo muchísimo, pese a todo. No pasa día sin que me estremezca al recordar con nostalgia ese breve roce con su piel.
Quiero que llegue la primavera.

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