Necesito un abrazo, pero no un abrazo cualquiera. Necesito un abrazo de él. Del ángel que conocí hace ya más de tres años, necesito poder mirar en lo más profundo de su mirada y encontrar en ella todas las cosas bellas del mundo, que siguen ahí...
Es que la nieve me entristece, el resfriado me ha debilitado y sé que sólo él podría hacerme sonreír en estos momentos con una simple palabra. Porque es un ángel, y eso no ha cambiado.
Y no me encuentro triste, sólo un poco débil, aunque seguramente mañana me encontraré mucho mejor.
Sigo necesitando su abrazo, quizás tengo nostalgia de él. Quizás nunca había conocido a un ángel... hasta qué llegó él. A veces la vida te brinda estas cosas que no tienen explicación.
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