Recuerdo nítidamente su intensa mirada, esa mirada angelical y perfecta, esa mirada profunda cargada de sabiduría que tantas cosas buenas contiene en sí misma...
Recuerdo la suavidad aterciopelada de sus manos, unas manos de pianista, suaves y cuidadas; recuerdo con total claridad como me estremecí cuando, sin querer, esos dedos me rozaron por primera vez...
Recuerdo el roce en su piel, el deseo velado, el tiempo inmortalizado como si se tratara de una vieja fotografía en sepia. Cada vez que lo recuerdo siento un placentero escalofrío en la espina dorsal.
Recuerdo su voz, el timbre de su voz sensual, sabía, tranquila. Podría pasarme horas escuchándole. Aprendiendo de él. Tiene tantas cosas que aportar al mundo...
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