domingo, enero 20, 2013

El sol brilla por la noche en Cachemira



Leo los libros de Andrés Pascual porque me vincula a él la región que nos vio nacer, es decir, porque es paisano mío. Pero reconozco que a sus libros les falta “algo” para estar a la altura, como si el propio autor se esforzara por entrar en el Paseo de las Estrellas de los grandes narradores del mundo, pero sin arriesgar. Y justamente esa carencia es lo que hace de él un escritor mediocre.
Y esto lo digo porque el tema que toca en su cuarto libro, el tema de la vida más allá de la muerte, ese momento final en que el protagonista va a cruzar el umbral del otro mundo y se encuentra más que preparado para hacerlo… Este tema debería estar tratado con más profundidad de la que hay en el libro, que se convierte en algo somero y tocado de una manera superficial. Desde mi punto de vista, mi ojo crítico me dice que el autor podría haber creado un argumento mucho mejor si hubiera tratado el tema durante más tiempo. Y aquí vuelvo a incurrir en lo que decía antes: esa carencia que hace que finalice la novela cuando debería haber necesitado más tiempo, lo que la convierte en algo demasiado normalito como para olvidarlo en unos días.
Recuerdo cuando me recomendaron su primer libro, El guardián de la Flor de Loto, que me dejó con un sabor amargo (y muy similar al actual) cuando lo terminé. También me dio la sensación de que faltaba algo, pero había que dar un voto de confianza al autor, máxime siendo riojano y al ser ése su primer libro.
Después llegó El compositor de tormentas. Recuerdo que me gustó muchísimo, me encandiló tanto como para ver Madagascar como un destino propicio para ir de viaje, y de hecho estuve mirándolo el año pasado. Recuerdo que pensé que va mejorando.
Con El haiku de las palabras perdidas terminé encantada, sobre todo porque era un tema que me gustaba, pero también porque tuve la oportunidad de visitar Japón antes del tsunami y la consiguiente catástrofe nuclear. Y esta novela superaba con creces las dos anteriores.
Se supone que El sol brilla por la noche en Cachemira iba a ser mejor que las anteriores. Pero me ha vuelto a decepcionar. Aparte de que es un libro que se lee de una sentada, porque es una novela breve, el tema que toca emociona y considero que el autor se queda “a medias”. Además las dos historias transcurren muy lentas y no se crea esa expectación necesaria (que entonces otro gallo cantaría).
Es obvio que no me ha gustado, que me deja con una sensación de carencia al final que me desagrada sobre manera. Y, pese a que el autor dota a las conversaciones con una sensibilidad y delicadeza inmensas, el final me desagrada, porque además es previsible.
David Sandman es un ejecutivo londinense que se une a los grupos de observación de la ONU que se encuentran en la lejana región de Cachemira. Huye de Londres torturado por un enorme drama personal. Pero ni siquiera allí es capaz de librarse del dolor.
David ha ido a Srinagar, la capital de Cachemira, a por suministros y cuando están de regreso al campamento una mina termina con el camión en el que se encuentran. El conductor muere, y David despierta después de haber visto un sol muy brillante en mitad de la noche, después de haber visto pasar fragmentos de su vida y después de pensar que ha muerto.
Tras la luz del sol en la oscuridad se encuentra inmóvil en una camilla de la enfermería del campamento. Una enfermera militar está entonando Paradise de Coldplay y David cree realmente despertar en el paraíso. Ella se llama Aurore, nombre que enlaza directamente con el nuevo amanecer de David. Durante varias horas de una madrugada David y Aurore se funden en una conversación existencial sobre la vida y la muerte. Él sabe que no le falta mucho para morir y le da ánimos a ella para que aprenda a vivir de nuevo.
Mientras, la historia paralela sucede tres años antes, cuando David vive con su hija Claudia, de 16 años. La joven tenía un serio problema de depresión, incluso estaba aquejada por la anorexia que David descubrió cuando era demasiado tarde. El carácter depresivo de Claudia la lleva a tirarse a las vías del tren, lo que supone para David un trauma grandísimo que le hace huir de Londres para intentar olvidar ese dolor.
Finalmente David se sumerge en la cálida luz del sol que brilla en medio de la oscuridad y se reúne con su esposa y con su hija.
Resultado de imagen de srinagar
Srinagar, capital de la región de Cachemira (India)

No hay comentarios: