domingo, enero 13, 2013

El sanador de caballos

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Hacía tiempo que había oído hablar de esta novela, de la que me constaba que había una buenísima crítica. Ni una semana me han durado sus casi 800 páginas. Es novela histórica y me ha enganchado la magistral consecución de los hechos que narra el autor.
La figura principal, respecto a la cual gira toda la trama de la novela, es Diego, aprendiz de albéitar, perseguidor de la sabiduría, con una promesa que clama venganza, veterinarius entre frailes y sanador de caballos. En torno a él y a sus diversos viajes, a sus espaciosas estancias en diversas ciudades clave en la Historia de España a finales del siglo XII y principios del siglo XIII, se desarrolla la trama de una novela que habla de caballos, lealtad y reyes.
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Malagón, Ciudad Real

La novela comienza en una posada en las cercanías de Malagón. El posadero se encuentra inmovilizado en cama y anima a sus cuatro hijos a huir de la posada antes de que lleguen los musulmanes. Diego, Belinda, Blanca y Estela montan en una carreta decididos a huir hacia Toledo, pero en una decisión de última hora Diego deja las riendas a sus hermanas y él vuelve a la posada en un intento de salvar a su padre. Sin embargo, tanto los Caballeros de Calatrava que habían aparecido allí en busca del posadero, como el propio posadero, mueren bajo el impacto de las espadas sarracenas. Diego intenta volver junto a la carreta, cuando desde la distancia ve que varios musulmanes asesinan a su hermana Belinda, y se llevan cautivas a las dos pequeñas.

Diego, sin dinero y sólo con la compañía de su yegua Sabba, consigue llegar a Toledo, pero las puertas de la ciudad se encuentran cerradas, debido al enorme trasiego de gente que huye de las zonas ocupadas por los musulmanes. Después de varios días caminando hambriento y sediento en los alrededores de la ciudad, una mujer le envenena y cuando despierta le han robado la yegua.
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Plaza de Zocodover, Toledo

Consigue entrar en Toledo y llegar a la plaza de Zocodover, donde se celebra el mercado semanal, y allí también se comercia con ganadería. A duras penas y gracias a la inestimable ayuda de la hija de un mercader de caballos, Fátima, es informado de que su caballo fue vendido al célebre albéitar mudéjar Galib. Los primeros intentos para acercarse al maestro son difíciles, pero ante su insistencia Galib finalmente se compadece de él y le muestra a la yegua, comprendiendo que es su verdadero amo, así como observando la gran sensibilidad que el muchacho tiene junto a los caballos. Decide mantenerle como aprendiz y, al mismo tiempo que cuida de sus caballerizas, le va pagando un salario, del que descuenta unos sueldos con el fin de que la yegua vuelva a ser suya.
Diego de Malagón aprenderá mucho de Galib, al que verdaderamente admira. Él también quiere ser un albéitar admirado por la gente, como lo es él, que es como llaman a los sanadores de caballos en el mundo musulmán. Galib, además, le hace ver que no todos los musulmanes son iguales.
Con Galib, Benazir, el mercader de caballos y Fátima, harán un viaje inolvidable hasta las marismas donde los musulmanes guardan miles de caballos de raza árabe. Allí Fátima perderá la vida.
Pasan los años y Diego se ha convertido en un apuesto joven que no queda libre de las miradas de las jóvenes de la ciudad, así como tampoco de la aburrida esposa de Galib, Benazir, que le desea con toda su alma y está dispuesta a todo con tal de tener al joven entre sus brazos. El momento en que ella va a la fragua con el fin de dar rienda suelta a su deseo, Galib les encuentra y Diego se responsabiliza de toda la culpa, coge a Sabba y huye hacia el monasterio de Fitero. De camino hacia Burgos, es atacado por una manada de Burgos, con tan mala suerte que pierde la bolsa del dinero y los dos únicos libros que poseía. En las inmediaciones de Burgos, un joven intenta robarle. Marcos se convertirá, desde entonces, en el inseparable amigo de Diego.
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Monasterio cisterciense de Fitero, Navarra-La Rioja

Con sus conocimientos, Diego intenta acceder a la inmensa biblioteca que resguardan los monjes del monasterio de Fitero. Para ello, se pone a servir al fraile encargado de las caballerizas del monasterio, Fray Servando, que cuando comprende que el joven está más capacitado que él, comienza a ridiculizarle. Mientras, Marcos entra al servicio de las cocinas, donde entra en contacto con Fray Tomás, el encargado de la biblioteca, con quien trabará amistad y que le suministrará libros para que los lea su amigo, que se encuentra limpiando las letrinas del monasterio por orden de Fray Servando. Es la única manera que Diego tiene para ampliar sus conocimientos, pero llega un momento en que Fray Servando le ridiculiza de tal forma, que Diego le brinda soberana paliza, tanto que está a punto de matarle a golpes, por lo que nuevamente los amigos se ven obligados a huir.
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Olite, Navarra

En este período, empero, habían sido requeridos por el alférez real del Rey de Navarra Sancho VII, Gómez Garcéiz, con el que había trabado amistad. Gracias a la invitación de los amigos a las justas celebradas en Olite, Diego de Malagón conocerá al gran amor de su vida, Doña Mencía Fernández de Azagra, una doncella noble que es inalcanzable para él, nacido plebeyo. Sin embargo, la joven también se fija en él y le invita a visitarla a Santa María de Albarracín, donde vive con sus hermanos y su madre viuda. En la propia casa del alférez tropieza con el embajador del rey almohade Muhammad al-Nasir, Don Pedro de Mora, al que le reconoce por la gran cicatriz que le atraviesa el rostro, herida producida por su gran enemigo el rey castellano Alfonso VII, y acérrimo enemigo del mismo. De hecho, se encuentra en Navarra con el fin de atraer a Marrakech, capital almohade, al rey navarro, con el fin de enemistarle con el rey castellano.

Históricamente, existen en Hispania varios reinos cristianos al norte, herederos de los visigodos, que luchan entre sí, hasta que se dan cuenta que deben aliar sus fuerzas para frenar el avance musulmán, hecho que ocurrirá en la batalla de las Navas de Tolosa. Estos reyes son: Alfonso VIII, Alfonso IX, Pedro II y Sancho VII.
Alfonso VIII era rey de Castilla, Toledo, Nájera, Extremadura y Asturias. Fue el promotor de las Navas de Tolosa y defensor de la unidad de los reinos cristianos para hacer frente al avance almohade, incluso requiriendo la ayuda del Papa para que denominara la batalla como una cruzada, una “guerra santa”, que tuviera el poder de excomulgar a quien desertara de esta cruzada.
Alfonso IX era en la misma época rey de León.
Pedro II era rey de la Corona de Aragón y primo de Alfonso VIII de Castilla.
Sancho VII era el rey de Navarra y le apodaban “el Fuerte”, debido a su gran corpulencia y fuerza física. Medía más de dos metros de altura e hizo riqueza y mala fama por el descuido de sus territorios y su inapropiado amor con una princesa almohade. Tras la batalla de las Navas de Tolosa, y en recuerdo de ella, puso en el escudo de Navarra las cadenas de aquel palenque, y en su centro una esmeralda, la del Corán abandonado por al-Nasir.
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Santa María de Albarracín

Los dos amigos deciden marcharse a Santa María de Albarracín, en busca del amor de Diego. Allí los dos enamorados pasearán todos los días juntos. Él se encuentra como albéitar al servicio de la madre de Mencía, y Doña Teresa no ve con buenos ojos la relación de su hija con un plebeyo. Intenta, por todos los medios, que ella se enamore de un noble aragonés, Fabián Pardo, y antes de llamarle a su castillo, decide pedir ayuda a un pariente para que le lleve a las cercanías de Valencia por una escaramuza. En los muchos meses que Diego de Malagón estará fuera, la madre de Mencía conseguirá que su hija contraiga matrimonio con Fabián Pardo.
A su regreso y tras contarle Marcos este contratiempo, decide que tiene que marcharse lejos de allí, donde cada piedra le recuerda a su amada Mencía, de quien cree que ha traicionado su amor, desconociendo que ha sido obligada por su madre.
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Cuéllar, Segovia

Marcos y Diego marcharán a Cuéllar, en tierras castellanas. Diego, destrozado de amor, es impulsado por su amigo, que se está haciendo un hueco como tratante de ganado ovino. Allí, en Cuéllar, los vellones de lana son más finos que en el resto de la Península.
Durante varios años vivirán acomodadamente en tierras castellanas, hasta que ocurren dos hechos trascendentales: por un lado, la aparición del mago judío Efraím, y por otro lado, Sancha de Laredo. Durante un tiempo, Diego confirma que el judío le está haciendo la competencia, pero Diego no cree en la magia, sino en la ciencia, aunque finalmente solicitará la ayuda de Efraím para hacer huir al marido de Sancha.
A Sancha la conoce por casualidad, el día que se encuentra en medio de un camino nevado a pocas leguas de Cuéllar. Entra en un establo de ovejas a refugiarse y allí se encuentra con dos niñas asustadas, que han huido de la casa, donde su padre está golpeando a su madre. Diego acudirá en ayuda de la mujer y de las niñas, y sus visitas a la casa son tan frecuentes que todo el mundo de la comarca cree que se han convertido en amantes.
Entonces aparece una plaga entre la población y entre el ganado, cuyo origen tarda en descubrirse. Diego consigue descubrir que proviene del centeno, y consigue transmitirse a sí mismo la enfermedad. Su criada Veturia, asustada, corre a confesárselo al abad. El pueblo necesita un culpable y lo ha encontrado en Diego de Malagón, que será condenado a muerte en la horca, acusado de crear la enfermedad que ha matado a un centenar de personas.
Pero antes de llegar al patíbulo, compartirá calabozo con un caballero calatravo, a quien le contará su historia. Bruno de Oñate conseguirá, con ayuda de otros caballeros, que se le ponga un peto para que la horca no le apriete la garganta, lo que le salvará de la muerte.
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Ruinas del Castillo de Salvatierra

Oficialmente Diego de Malagón está muerto, pero con ayuda de varios caballeros calatravos ha conseguido salir de Cuéllar en dirección al castillo de Salvatierra. El castillo es una isleta en medio de territorio musulmán, y se encuentra día y noche asediado y atacado por soldados sarracenos. Allí Diego, debido a su formación y valentía, será formado como espía con el fin de entrar en Sevilla, donde se ha trasladado el califa al-Nasir para combatir a los reyes cristianos.
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Torre del Oro, Sevilla

Entre varias de las misiones que le encomiendan, tiene que entrar en Sevilla y aprenderse de memoria las notas que el califa guarda en su Corán, que siempre lleva consigo y reconocible por la gran esmeralda verde que lleva en su lomo. Pero en Sevilla, la misión fracasa, sobre todo cuando coincide con Benazir, que había sido repudiada por su marido y había vuelto con su padre, el embajador persa, a Sevilla, donde vivía recluída en soledad. Ella intenta ayudar a Diego, pero los hombres del traidor Pedro de Mora les persiguen por las calles de la ciudad, y Benazir es asesinada por los soldados musulmanes.
Diego consigue escapar de la ciudad y vuelve al castillo de Salvatierra, que ha sido tomado por los sarracenos. Busca en otra alcazaba a Bruno de Oñate, que al ver fracasada la misión, le echa de su lado.
Diego comprende que ha llegado el momento de reconciliarse con su maestro y marcha a Toledo, donde le explica a Galib que su esposa ha muerto en Sevilla delante de sus ojos. Alumno y maestro se reconcilian, y juntos intentan curar la enfermedad de la yegua del rey Alfonso VIII. El rey le hace entender a Diego que está en deuda con la Corona de Castilla por haber fracasado de su misión en Sevilla.
Diego de Malagón comprende que ha llegado el momento de saldar la deuda real y solicita al monarca cien de sus mejores hombres con el fin de ir a buscar caballos de raza árabe a las marismas, fuertemente vigiladas por soldados sarracenos.
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Van Halen, Batalla de las Navas de Tolosa

La novela termina con la victoria de los reyes cristianos en la batalla de las Navas de Tolosa (16 de Julio de 1212), tras la cual Diego de Malagón es proclamado caballero por los reyes de Castilla, Navarra y Aragón. Además se reencontrará con la única hermana viva que le queda, Estela, que había sido la concubina predilecta del califa al-Nasir, y juntos vengarán la muerte de su familia envenenando a Pedro de Mora. Además, la viuda Mencía irá siguiendo los pasos de Diego de Malagón hasta las Navas de Tolosa, donde tendrán un reencuentro feliz.
La batalla de las Navas de Tolosa fue el principio del fin de la presencia musulmana en la Península.

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