
Hacía tiempo que había oído hablar de esta novela, de la que
me constaba que había una buenísima crítica. Ni una semana me han durado sus
casi 800 páginas. Es novela histórica y me ha enganchado la magistral
consecución de los hechos que narra el autor.
La figura principal, respecto a la cual gira toda la trama
de la novela, es Diego, aprendiz de albéitar, perseguidor de la sabiduría, con
una promesa que clama venganza, veterinarius entre frailes y sanador de
caballos. En torno a él y a sus diversos viajes, a sus espaciosas estancias en
diversas ciudades clave en la Historia de España a finales del siglo XII y
principios del siglo XIII, se desarrolla la trama de una novela que habla de
caballos, lealtad y reyes.

Malagón, Ciudad Real
La novela comienza en una posada en las cercanías de
Malagón. El posadero se encuentra inmovilizado en cama y anima a sus cuatro
hijos a huir de la posada antes de que lleguen los musulmanes. Diego, Belinda,
Blanca y Estela montan en una carreta decididos a huir hacia Toledo, pero en
una decisión de última hora Diego deja las riendas a sus hermanas y él vuelve a
la posada en un intento de salvar a su padre. Sin embargo, tanto los Caballeros
de Calatrava que habían aparecido allí en busca del posadero, como el propio
posadero, mueren bajo el impacto de las espadas sarracenas. Diego intenta
volver junto a la carreta, cuando desde la distancia ve que varios musulmanes
asesinan a su hermana Belinda, y se llevan cautivas a las dos pequeñas.
Diego, sin dinero y sólo con la compañía de su yegua Sabba,
consigue llegar a Toledo, pero las puertas de la ciudad se encuentran cerradas,
debido al enorme trasiego de gente que huye de las zonas ocupadas por los
musulmanes. Después de varios días caminando hambriento y sediento en los
alrededores de la ciudad, una mujer le envenena y cuando despierta le han
robado la yegua.

Plaza de Zocodover, Toledo
Consigue entrar en Toledo y llegar a la plaza de Zocodover,
donde se celebra el mercado semanal, y allí también se comercia con ganadería. A
duras penas y gracias a la inestimable ayuda de la hija de un mercader de
caballos, Fátima, es informado de que su caballo fue vendido al célebre albéitar
mudéjar Galib. Los primeros intentos para acercarse al maestro son difíciles,
pero ante su insistencia Galib finalmente se compadece de él y le muestra a la
yegua, comprendiendo que es su verdadero amo, así como observando la gran
sensibilidad que el muchacho tiene junto a los caballos. Decide mantenerle como
aprendiz y, al mismo tiempo que cuida de sus caballerizas, le va pagando un
salario, del que descuenta unos sueldos con el fin de que la yegua vuelva a ser
suya.
Diego de Malagón aprenderá mucho de Galib, al que
verdaderamente admira. Él también quiere ser un albéitar admirado por la gente,
como lo es él, que es como llaman a los sanadores de caballos en el mundo
musulmán. Galib, además, le hace ver que no todos los musulmanes son iguales.
Con Galib, Benazir, el mercader de caballos y Fátima, harán
un viaje inolvidable hasta las marismas donde los musulmanes guardan miles de
caballos de raza árabe. Allí Fátima perderá la vida.
Pasan los años y Diego se ha convertido en un apuesto joven
que no queda libre de las miradas de las jóvenes de la ciudad, así como tampoco
de la aburrida esposa de Galib, Benazir, que le desea con toda su alma y está
dispuesta a todo con tal de tener al joven entre sus brazos. El momento en que
ella va a la fragua con el fin de dar rienda suelta a su deseo, Galib les
encuentra y Diego se responsabiliza de toda la culpa, coge a Sabba y huye hacia
el monasterio de Fitero. De camino hacia Burgos, es atacado por una manada de
Burgos, con tan mala suerte que pierde la bolsa del dinero y los dos únicos
libros que poseía. En las inmediaciones de Burgos, un joven intenta robarle. Marcos
se convertirá, desde entonces, en el inseparable amigo de Diego.

Monasterio cisterciense de Fitero, Navarra-La Rioja
Con sus conocimientos, Diego intenta acceder a la inmensa
biblioteca que resguardan los monjes del monasterio de Fitero. Para ello, se
pone a servir al fraile encargado de las caballerizas del monasterio, Fray
Servando, que cuando comprende que el joven está más capacitado que él,
comienza a ridiculizarle. Mientras, Marcos entra al servicio de las cocinas,
donde entra en contacto con Fray Tomás, el encargado de la biblioteca, con
quien trabará amistad y que le suministrará libros para que los lea su amigo,
que se encuentra limpiando las letrinas del monasterio por orden de Fray
Servando. Es la única manera que Diego tiene para ampliar sus conocimientos,
pero llega un momento en que Fray Servando le ridiculiza de tal forma, que
Diego le brinda soberana paliza, tanto que está a punto de matarle a golpes,
por lo que nuevamente los amigos se ven obligados a huir.

Olite, Navarra
En este período, empero, habían sido requeridos por el
alférez real del Rey de Navarra Sancho VII, Gómez Garcéiz, con el que había
trabado amistad. Gracias a la invitación de los amigos a las justas celebradas
en Olite, Diego de Malagón conocerá al gran amor de su vida, Doña Mencía
Fernández de Azagra, una doncella noble que es inalcanzable para él, nacido
plebeyo. Sin embargo, la joven también se fija en él y le invita a visitarla a
Santa María de Albarracín, donde vive con sus hermanos y su madre viuda. En la
propia casa del alférez tropieza con el embajador del rey almohade Muhammad al-Nasir,
Don Pedro de Mora, al que le reconoce por la gran cicatriz que le atraviesa el
rostro, herida producida por su gran enemigo el rey castellano Alfonso VII, y
acérrimo enemigo del mismo. De hecho, se encuentra en Navarra con el fin de
atraer a Marrakech, capital almohade, al rey navarro, con el fin de enemistarle
con el rey castellano.
Históricamente, existen en Hispania varios reinos cristianos
al norte, herederos de los visigodos, que luchan entre sí, hasta que se dan
cuenta que deben aliar sus fuerzas para frenar el avance musulmán, hecho que
ocurrirá en la batalla de las Navas de Tolosa. Estos reyes son: Alfonso VIII,
Alfonso IX, Pedro II y Sancho VII.
Alfonso VIII era rey de Castilla, Toledo, Nájera,
Extremadura y Asturias. Fue el promotor de las Navas de Tolosa y defensor de la
unidad de los reinos cristianos para hacer frente al avance almohade, incluso
requiriendo la ayuda del Papa para que denominara la batalla como una cruzada,
una “guerra santa”, que tuviera el poder de excomulgar a quien desertara de
esta cruzada.
Alfonso IX era en la misma época rey de León.
Pedro II era rey de la Corona de Aragón y primo de Alfonso
VIII de Castilla.
Sancho VII era el rey de Navarra y le apodaban “el Fuerte”,
debido a su gran corpulencia y fuerza física. Medía más de dos metros de altura
e hizo riqueza y mala fama por el descuido de sus territorios y su inapropiado
amor con una princesa almohade. Tras la batalla de las Navas de Tolosa, y en
recuerdo de ella, puso en el escudo de Navarra las cadenas de aquel palenque, y
en su centro una esmeralda, la del Corán abandonado por al-Nasir.


Santa María de Albarracín
Los dos amigos deciden marcharse a Santa María de
Albarracín, en busca del amor de Diego. Allí los dos enamorados pasearán todos
los días juntos. Él se encuentra como albéitar al servicio de la madre de
Mencía, y Doña Teresa no ve con buenos ojos la relación de su hija con un
plebeyo. Intenta, por todos los medios, que ella se enamore de un noble
aragonés, Fabián Pardo, y antes de llamarle a su castillo, decide pedir ayuda a
un pariente para que le lleve a las cercanías de Valencia por una escaramuza. En
los muchos meses que Diego de Malagón estará fuera, la madre de Mencía
conseguirá que su hija contraiga matrimonio con Fabián Pardo.
A su regreso y tras contarle Marcos este contratiempo,
decide que tiene que marcharse lejos de allí, donde cada piedra le recuerda a
su amada Mencía, de quien cree que ha traicionado su amor, desconociendo que ha
sido obligada por su madre.

Cuéllar, Segovia
Marcos y Diego marcharán a Cuéllar, en tierras castellanas.
Diego, destrozado de amor, es impulsado por su amigo, que se está haciendo un
hueco como tratante de ganado ovino. Allí, en Cuéllar, los vellones de lana son
más finos que en el resto de la Península.
Durante varios años vivirán acomodadamente en tierras
castellanas, hasta que ocurren dos hechos trascendentales: por un lado, la
aparición del mago judío Efraím, y por otro lado, Sancha de Laredo. Durante un
tiempo, Diego confirma que el judío le está haciendo la competencia, pero Diego
no cree en la magia, sino en la ciencia, aunque finalmente solicitará la ayuda
de Efraím para hacer huir al marido de Sancha.
A Sancha la conoce por casualidad, el día que se encuentra
en medio de un camino nevado a pocas leguas de Cuéllar. Entra en un establo de
ovejas a refugiarse y allí se encuentra con dos niñas asustadas, que han huido
de la casa, donde su padre está golpeando a su madre. Diego acudirá en ayuda de
la mujer y de las niñas, y sus visitas a la casa son tan frecuentes que todo el
mundo de la comarca cree que se han convertido en amantes.
Entonces aparece una plaga entre la población y entre el
ganado, cuyo origen tarda en descubrirse. Diego consigue descubrir que proviene
del centeno, y consigue transmitirse a sí mismo la enfermedad. Su criada
Veturia, asustada, corre a confesárselo al abad. El pueblo necesita un culpable
y lo ha encontrado en Diego de Malagón, que será condenado a muerte en la
horca, acusado de crear la enfermedad que ha matado a un centenar de personas.
Pero antes de llegar al patíbulo, compartirá calabozo con un
caballero calatravo, a quien le contará su historia. Bruno de Oñate conseguirá,
con ayuda de otros caballeros, que se le ponga un peto para que la horca no le
apriete la garganta, lo que le salvará de la muerte.

Ruinas del Castillo de Salvatierra
Oficialmente Diego de Malagón está muerto, pero con ayuda de
varios caballeros calatravos ha conseguido salir de Cuéllar en dirección al
castillo de Salvatierra. El castillo es una isleta en medio de territorio
musulmán, y se encuentra día y noche asediado y atacado por soldados
sarracenos. Allí Diego, debido a su formación y valentía, será formado como
espía con el fin de entrar en Sevilla, donde se ha trasladado el califa
al-Nasir para combatir a los reyes cristianos.

Torre del Oro, Sevilla
Entre varias de las misiones que le encomiendan, tiene que
entrar en Sevilla y aprenderse de memoria las notas que el califa guarda en su
Corán, que siempre lleva consigo y reconocible por la gran esmeralda verde que
lleva en su lomo. Pero en Sevilla, la misión fracasa, sobre todo cuando
coincide con Benazir, que había sido repudiada por su marido y había vuelto con
su padre, el embajador persa, a Sevilla, donde vivía recluída en soledad. Ella
intenta ayudar a Diego, pero los hombres del traidor Pedro de Mora les
persiguen por las calles de la ciudad, y Benazir es asesinada por los soldados
musulmanes.
Diego consigue escapar de la ciudad y vuelve al castillo de
Salvatierra, que ha sido tomado por los sarracenos. Busca en otra alcazaba a
Bruno de Oñate, que al ver fracasada la misión, le echa de su lado.
Diego comprende que ha llegado el momento de reconciliarse
con su maestro y marcha a Toledo, donde le explica a Galib que su esposa ha
muerto en Sevilla delante de sus ojos. Alumno y maestro se reconcilian, y
juntos intentan curar la enfermedad de la yegua del rey Alfonso VIII. El rey le
hace entender a Diego que está en deuda con la Corona de Castilla por haber
fracasado de su misión en Sevilla.
Diego de Malagón comprende que ha llegado el momento de
saldar la deuda real y solicita al monarca cien de sus mejores hombres con el
fin de ir a buscar caballos de raza árabe a las marismas, fuertemente vigiladas
por soldados sarracenos.

Van Halen, Batalla de las Navas de Tolosa
La novela termina con la victoria de los reyes cristianos en
la batalla de las Navas de Tolosa (16 de Julio de 1212), tras la cual Diego de
Malagón es proclamado caballero por los reyes de Castilla, Navarra y Aragón. Además
se reencontrará con la única hermana viva que le queda, Estela, que había sido
la concubina predilecta del califa al-Nasir, y juntos vengarán la muerte de su
familia envenenando a Pedro de Mora. Además, la viuda Mencía irá siguiendo los
pasos de Diego de Malagón hasta las Navas de Tolosa, donde tendrán un
reencuentro feliz.
La batalla de las Navas de Tolosa fue el principio del fin
de la presencia musulmana en la Península.
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