Si las cosas fueran de otra manera quizás un domingo por la tarde estaría tomando algo con él, perdida en la intensidad oceánica de esos ojos negros que tienen todo lo mejor del mundo.
Si las cosas fueran de otra manera le cubriría de besos cada día, cada noche, cada atardecer y en cada amanecer.
Pero no son de otra manera. Son como son, sin más.
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