sábado, enero 05, 2013

Tan sensual como un frasco de perfume

Hay algo en los aromas que embriaga, que seduce, que intimida... Y las sensaciones que percibimos a través del olfato son muy intensas a veces, como cuando salimos al campo después de una tormenta. Adoro ese olor a recién mojado, a tierra, a frescura. Y por eso me gusta salir a la calle después de que ha dejado de llover.
Me gusta también el olor de los fósforos o de la gasolina, olores muy fuertes que no me cansan.
También recuerdo con cierta añoranza el olor a azufre en la ciudad neozelandesa de Rotorua, qué rancio parecía al principio y qué sensación de calma después. Es que allí tenía despejadas las fosas nasales y todo el aparato respiratorio, debido justamente al ambiente del aire de allí, a todos aquellos fenómenos naturales atípicos para nosotros.
Y recuerdo, con mucha más intensidad, el sutil aroma de un perfume desconocido en su cuello. Desde que le conocí no ha variado, porque en otras ocasiones alguien que ha pasado junto a mí con ese perfume me lo ha traído inconscientemente a la mente. Sí, mi inconsciente recuerda ese perfume. Y huele tan bien, él huele tan bien... Ese olor sí que me embriaga, y también me atrae.

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