
A veces nos encontramos a personas de las que hace tiempo no sabemos nada. Al de los ojos verdes casi nunca le veo y hoy nos hemos encontrado dos veces. La primera, tomando café al mediodía, y después, al terminar la jornada, en el supermercado.
A medida que me iba acercando a la caja y veía la silueta de espaldas, mientras relacionaba el nombre, se ha dado la vuelta.
"O no nos vemos nunca o nos vemos varias veces", le he dicho mientras le miraba a los ojos. Él ya sabe que siento debilidad por su mirada, sólo que mantengo las distancias con él desde hace mucho tiempo. Me he dedicado a observar lo que llevaba en la cesta: varias bolsas de patatas, frutos secos, una bolsa de la carnicería o pescadería cuyo interior no se apreciaba y pan de molde. En resumidas cuentas: comida de soltero.
"Es para los sobrinos", me ha dicho. Ya no sé si me dice la verdad o no, así que le he preguntado por sus sobrinos.
Nos ha dado tiempo hasta hablar de sus rutas en bicicleta, porque le he dicho que hoy hacía buen día para andar en bici y me ha explicado que hace unos días en no sé qué monte empezó a granizar y las pasó canutas.
No recordaba que la fila de la caja en el supermercado cundiera tanto. Mi visita ha sido rápida porque sólo iba a por cápsulas de café.
Sigo pensando que tiene unos ojos preciosos. Y él lo sabe. No se lo he dicho ni pocas veces...
2 comentarios:
Precioso momento el que describes. Saludos.
Ya ves... Una circunstancia cotidiana que se convierte en inesperada según la gente con la que te encuentres.
Saludos!
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