Cuando era pequeña leí un cuento en el que decían que si acercabas el oído a las caracolas de mar se podía escuchar el mar.
Durante mucho tiempo quería ir al mar para buscar una caracola, pero nunca encontré una. Y además escuchaba el mar en directo cada verano.
Hoy en día sigo sin encontrar una caracola para escuchar el mar. Para esos días tempestuosos en que necesito paz. No sé por qué me he acordado esta noche de las caracolas de mar, porque estoy muy tranquila.
Ha sido como un pensamiento relámpago que aparece y a los pocos minutos te has olvidado. De todas formas, tengo que encontrar una caracola para escuchar el mar.
En realidad quiero comprobar si es cierto. Y quizás sería preferible seguir con la duda y creer que en las caracolas se oye el mar. No vaya a ser que cuando encuentre mi caracola no se escuche nada...
Igual prefiero esa ilusión.

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