A veces miro las ventanas de mis vecinos por el patio de luces. Últimamente miro sobre todo la ventana del primero. Donde sé que se encuentra uno de mis vecinos más queridos.
Cuando le conocí me pilló de novata y me puso entre la espada y la pared. Después me dijo que se había arrepentido por habérmelo hecho pasar mal. Desde entonces nos llevamos muy bien, amén de lo que he aprendido gracias a sus observaciones certeras.
Un día me contó que llevaba muchos años afectado por una dura enfermedad: el Krohn. Lamentablemente sé bastante de esa enfermedad como para saber que no mata pero produce unos efectos secundarios que sí que pueden matar. Mi tío el que la tenía fue operado del corazón, de las rótulas, tuvo un cáncer de colon que le pillaron a tiempo y de repente un día empezó a perder sangre. Por muchas transfusiones que le hicieran su cuerpo lo rechazaba. Hasta que un día se apagó.
A mi vecino le han operado de cáncer de colon y también del corazón. Pero él me explicó que a él le habían quitado un trozo de corazón y que poco a poco se iba quedando sin corazón.
Mirar hacia las ventanas de mi vecino es un recordatorio constante de lo que sufrió mi tío.
Mi vecino está malito. Cada vez que me cuentan que ha estado en el hospital siento como si una garra me atenazara el corazón.
Ayer vi sábanas del hospital colgadas en su tendedero.
No me atrevo a ir a visitarle, aunque tengo la suficiente confianza como para ir. Pero no me atrevo. Además creo que a mi vecino no le gustará que le vea postrado en una cama de hospital y que me cuesta entender lo que dice.
Tantas cosas que decir...
No hay comentarios:
Publicar un comentario