domingo, mayo 13, 2018

Después de la semana que termina...

Resultado de imagen de trebol de la buena suerte
Desde las últimas horas no tengo más que ganas de que termine esta fatídica semana. Porque en esta semana de vacaciones me ha sonreído la mala suerte allí por donde fuera. Podría decir que ya he alcanzado el cupo de la mala suerte. Cuando miro atrás, me echo las manos a la cabeza. Debo decir que me da la sensación de que se me ha hecho larguísima esta semana. Empecé el martes con un tirón en la espalda que llegué a pensar que se me pasaría, qué ilusa. En la siguiente madrugada tuve que ir a Urgencias. Aún tengo pequeñas reminiscencias en la espalda, no hago movimientos bruscos y anoche temí que hoy tuviera que volver a Urgencias. Tanto miedo tenía que tuve que volver a casa a por un abrigo de invierno que mantuviera el calor en la espalda. Y aguanté bien hasta las cuatro de la madrugada. Cuando volvía a casa pensaba que en estas fiestas otros años he salido en sandalias y tirantes. En uno de los termómetros que hay por la calle vi que había cuatro grados. 
Lo siguiente que ocurrió es que entraran a robar a mi casa. Cuando fui consciente de que una persona ajena había invadido mi espacio me sentí totalmente insegura, me vi envuelta en una fragilidad inesperada. No me duele tanto el dinero que me robaron sino esa invasión de mi espacio privado. He tenido tiempo para pensar y he llegado a la conclusión de que en mi casa entraron el día del chupinazo y que el reclamo fue el felpudo que estaba sin colocar porque ese día habían hecho la limpieza. Pero también he llegado a pensar que es alguien que me conoce, que no quiso dejar destrozos. Y eso, el hecho de que no rompieran nada más que una hucha de los chinos, me trae de cabeza. Desde entonces siento algo de pánico por las noches. El viernes se quedó a dormir uno de mis hermanos, y anoche mi otro hermano y mi cuñada. Hoy tengo que aprender a vivir sin miedo. Sé que nadie va a entrar mientras que yo esté en casa. Pero siento pánico, porque si pienso en que es una persona que podría conocerme y que podría volver a intentarlo es cuando siento pánico al sentirme vigilada y, por tanto, vulnerable. Y es que no hay peor cosa que pensar que nos vigilan y no saber quién. No estoy tan emparanoiada como se puede entrever con mis palabras, pero sí me encuentro un poco asustada aún. Intento que no me afecte, pero es algo demasiado reciente. Y cuando pienso en que no debo recordarlo es cuando vuelvo a pensar en que alguien ha entrado a mi casa sin ser invitado. Es una situación terrible.
Me llamará la Guardia Civil, supongo, para informarme si en la hucha hay otras huellas aparte de las mías... Aunque la verdad es que no espero que encuentren mucho. 
El viernes, para terminar, llegué con varias bolsas de la compra y me encontré el ascensor parado en la segunda planta. No me veía subiendo las escaleras hasta mi vivienda cargada con las bolsas de la compra y con la espalda con pequeñas molestias aún. Cuando me dijeron que tenía 45 minutos de espera decidí subir lentamente, porque no me veía esperando tanto tiempo en el portal. Y como una tortuguita, parando cuando me tiraba la espalda, fui subiendo hasta mi casa. 
Cuando llegué a mi casa lo único que pensé es que ya estaba bien, que ahora me tiene que venir una época de buena suerte, porque menuda semanita... 

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