Cuatro amigas se sientan en un restaurante a cenar. En la mesa de al lado hay un grupo de matrimonios que rondan la cincuentena. Uno de los hombres mira de reojo hacia el grupo donde están las cuatro amigas, saluda y se ríe. Ella que conoce a sus amigas desde hace tiempo, desde siempre, les confiesa algo inesperado: "Cuando yo tenía 16 años tuve una noche loca con él, un escarceo amoroso que me dejó huella; es uno de los hombres más románticos con los que he estado nunca". Las amigas la miran sorprendidas porque no se imaginan la situación, por la diferencia de edad, porque nunca han escuchado algo así, porque les resulta increíble. "Ahora entiendo que había cierta química cuando hemos entrado y se ha parado a hablar contigo", dice una.
La chica se pone a recordar. Han pasado 25 años, era una adolescente y, por lo tanto, muy impresionable. Él ya tenía novia y ella se llevaba bien con la novia. Fue un amor de verano, el acercamiento llegó poco a poco hasta que todo culminó en esa noche loca. Los dos sabían lo que querían, y es posible que se hubiera repetido, si él no hubiera hablado de más.
Unos días después se encontraron tomando copas en un bar. Él le confesó que su novia lo sabía todo. Ella no lo pudo soportar: a partir de entonces, cuando se encontraba con la novia, la chica se sentía abochornada por la situación, la novia nunca le recriminó nada, pero el malestar estaba presente. Con el paso del tiempo él se casó con su novia, tuvieron hijos y les fue bien.
Pero los dos saben que algo quedó en el tintero, que se trata de una historia inacabada. Esa noche, 25 años después, cenando en mesas contiguas, se les van los ojos. Cuando se encuentran sienten una energía superior a ellos. Él mira de reojo, ella disimula porque sabe que otro par de ojos les vigila. Desde entonces ella se ha alejado de los hombres ennoviados o con pareja, por el silencio de la novia, porque el hecho de que la novia no recriminara nada es suficiente para que ella se haya sentido mal durante años. Pero es una historia inacabada, sólo que ella ya no es una adolescente y sabe muy bien lo que quiere y, sobre todo, sabe lo que no quiere.
La chica intentó alejarse de esa situación nefasta, pero él no se lo permite. Cada vez que se encuentran recuerdan aquella noche de pasión. Y los dos son conscientes de que hay cosas que podían haber sido de otra manera, pero las cosas son como son. 25 años después.
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