Todavía saboreo el café con leche que me he tomado esta mañana con un ángel. Ha aparcado junto a mi oficina y me ha invitado al café. Yo le he invitado a venir conmigo a Madeira, después de que me dijera que estaba agobiado por el trabajo. Como es una persona que rezuma tanta calma por todos los poros de su piel, no parecía muy estresado.
Lo que ocurre es que me relaja su compañía. Y tampoco tomamos tantos cafés. Generalmente es más fácil que nos tomemos una cerveza de madrugada en los bares que un café durante el día. Hoy ha tocado así.
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