Ayer estaba sentada en un banco en la ermita de mi pueblo, con mi madre y los padres de un amigo. Escuchaba su conversación y entonces levanté los ojos. Mi mirada se cruzó con otra mirada. No sé cuánto tiempo llevaría observándome, pero cuando le miré desvió los ojos. Él fue mi primer amor y hacía muchos años que no le veía. No ha cambiado mucho.
Hoy en día hay infinidad de libros que hablan de las relaciones tóxicas. Lo mío con él fue una relación amor-odio tan profunda que no podíamos estar juntos pero tampoco podíamos estar el uno sin el otro. Había momentos en que estábamos juntos y estábamos tranquilos, pero a los diez minutos ya estábamos discutiendo. Fue un amor que duró años y, entre medias, él estuvo con otras y yo estuve con otros. Él sí que me preguntaba, yo prefería no saber con quién había estado. Y, pese a todo, volvíamos el uno al otro, con esa especie de atracción indescriptible que se tiene con algunos amores. Parecía una competición a ver quién aguantaba más. Hasta que en unas fiestas nuestras palabras fueron tan dañinas por ambos lados que le dije que no quería saber nada más de él. Y me alejé. En el mismo momento en que le saqué de mi vida sentí como si me hubiera quitado de encima una losa muy pesada.
Cada 10 de marzo me acuerdo de su cumpleaños. Pero no se me pasa por la cabeza siquiera llamarle. Pienso que "hoy es 10 de marzo" y me olvido.
Con su hermana me llevo muy bien. A veces hablamos. De hecho, ayer hablamos. Por supuesto su hermano es tema tabú, por lo menos para mí. Sí que con su madre he coincidido alguna vez en la peluquería y habla de su hijo. No sé si lo hace por llamar mi atención o no, aunque yo me enfrasco en mi libro y no quiero saber nada del tema. Con su padre también me llevo bien.
Y es que creo que hace muchos años toda su familia pensaba que terminaríamos juntos. Igual hubo una época en que podíamos haber estado predestinados, habernos casado y tener hijos; y también nos habríamos divorciado. Algo tan demoledor no podía durar, y hay cosas que se ven venir. Creo que lo mejor que pude haber hecho fue sacarle de mi vida. Y estoy segura de que fue algo bueno para los dos.
Ayer debía haber sentido indiferencia, pero no es precisamente la indiferencia la que me inundó. Lo que sentí es cierto apego, cierta nostalgia, aunque ya no hay amor ni sentimientos similares. Lo que queda es cierto aprecio, cierto cariño, aunque me guardaré muy bien de mostrarlo. Muchos años después es otra persona quien hace que tenga cosquilleos en el estómago, una persona que transmite calma, entre otras cosas.
Una vez en el opening de uno de los capítulos de Mujeres Desesperadas escuché que las relaciones del pasado siempre nos preparan para algo mejor. Y es que siempre llega alguien que nos hace tocar el cielo con las yemas de los dedos, que nos brinda momentos únicos. Lo que tengo claro es que no quiero en mi vida personas tóxicas. Y con esto no quiero decir que ese primer amor fuera en sí mismo una persona tóxica, lo verdaderamente tóxico era la relación amor-odio que los dos teníamos, algo que era superior a nosotros mismos. Y aguantar eso tiene un límite.
Con el tiempo aprendimos a mantenernos alejados. Ninguno de los dos se acercará al otro, ambos lo sabemos. Pero tampoco nos mantenemos tan alejados. En realidad él se encontraba a diez metros de mí, y yo me sentí agobiada y me levanté para alejarme de él. Y allí donde mirara... allí estaba él. Así que opté por lo más cómodo: me evadí y pensé que nada de todo aquello iba conmigo.
Estoy pensando en lo tranquila que estoy en el momento actual.

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