miércoles, mayo 16, 2018

Con una radiografía...

Cuando más hasta arriba estaba de trabajo recibo una llamada de esas que no puedo decir que no. Y aunque he empezado a decir que no podía hablar mucho me he olvidado de lo que estaba haciendo para bailar envuelta en la dulzura de esa voz. 
Lo que iban a ser unos minutos ha derivado en media hora de reloj. Hemos hablado de mucho y finalmente me ha preguntado por el robo, porque se lo comenté en un mensaje. Según él, han podido utilizar una radiografía y me ha explicado que él cierra la oficina con doble vuelta de llave incluso cuando va a comer. Al final le he terminado diciendo que tengo pánico a dormir sola. Yo creo que piensa que le vacilo o algo. Al menos no he seguido con la invitación implícita que ha quedado en la punta de la lengua.
Él siempre tan atento... pero no lo suficiente.
Cuando he colgado el teléfono no sabía ni lo que estaba haciendo media hora antes.

¿Cómo es posible que una persona sea capaz de poner mi mundo patas arriba en treinta minutos? Al final he optado por dejar para mañana lo que no he conseguido hacer hoy. Y desde ese momento he sentido que caminaba de puntillas. 

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