Cuando te das cuenta de que alguien ha entrado en tu casa, seguramente aprovechando las fiestas, algo se quiebra. Lo primero es que no imaginas que nadie pueda alterar el espacio íntimo y personal propiamente tuyo.
Siempre creemos que todo les pasa a otras personas, hasta que te ocurre a ti. Maduras la idea de que efectivamente alguien ha adulterado ese espacio que es propiamente tuyo, y algo se rompe, porque comprendes la fragilidad de lo que nos rodea, porque nos hace sentir inseguros.
En el día de ayer alguien entró a robar a mi casa. Afortunadamente sólo se llevaron dinero y afortunadamente no suelo tener mucho dinero en casa. El individuo que entró lo hizo de tal manera que me ha costado darme cuenta. En un principio pensé que alguien había entrado mientras dormía, pero cada vez estoy más segura de que mi casa estaba vacía cuando esa persona entró.
El momento en que comprendo que algo no está como tiene que estar es cuando me entra la inseguridad. La hucha donde voy metiendo monedas de céntimo se encontraba forzada... y vacía. Algo en mi cabeza ha hecho "crack" y comprendes que efectivamente eso no estaba así ayer. Compruebas que no falte nada más, pero sigue faltando más dinero.
Quien entró sólo buscaba dinero. Y dinero se llevó, nada más. Pero yo me encuentro en un estado de alarma inesperado. Me cuesta asumir no el robo en sí, sino que alguien haya adulterado, de alguna forma, mi espacio. Eso es lo que más me cuesta asimilar. Que no estamos tan seguros como creemos, ni siquiera entre las cuatro paredes de nuestra casa.
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