El mes de mayo, pese a que suele ser un mes tranquilo, se me ha hecho cuesta arriba. Generalmente es un mes que disfruto: una semana de fiestas locales, se relaja bastante el trabajo, comienza a hacer calor... Pero este año mayo ha sido de los peores que recuerdo.
Lo peor de todo fue ese robo en mi casa (delito menor) que en realidad es un allanamiento de morada (delito mayor), algo que ya ha trascendido al resto de los vecinos que me paran por la calle para preguntar.
La policía judicial sigue investigando.
También ha habido pérdidas dolorosas, como la de mi vecino Valentín, al que yo apreciaba de manera especial, o como la de Don Jesús, el sacerdote de mi pueblo, que ha sido casi inesperada.
En el supermercado una de las trabajadoras que conozco me ha preguntado si me ocurría algo en la espalda y le he explicado que tuve lumbago y que a veces tira al agacharme.
Los mejores momentos siempre están cerca de mis sobrinas, mis padres y mis hermanos. Recuerdo el cumpleaños de hace unos días y sonrío.
También he tenido otros momentos en que me he perdido irremediablemente en una mirada que me deja sin defensas. Que si una cerveza, que si una llamada. Tan adorable. Últimamente hemos hablado mucho...
De todas formas, ya no queda mucho para que acabe este mes tan gafe para mí.

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