domingo, marzo 04, 2018

El guerrero a la sombra del cerezo

"Este país es como el guerrero que, al llegar la primavera, se sienta a descansar bajo los cerezos en flor. Por un momento, arrobado por la belleza, cree hallarse hastiado de luchar, saciada su hambre de guerra, pero pronto descubrirá que no sabe hacer otra cosa más que batallar. No es un poeta que pueda recrearse con la hermosa visión de las flores del sakura o con el dulce canto de los pájaros, sino un samurái al que sólo seducen los tambores de guerra que ya restallan en sus oídos. Pronto recogerá sus espadas y se aprestará a dirigirse de nuevo hacia la batalla, y a mí se me ha encomendado evitarlo a toda costa".

Reconozco que ayer iba por la mitad del libro y que en el día de hoy no podía dejar de leer... hasta que lo he acabado. Es una obra magistral, que me ha hecho disfrutar en cada momento, en cuyos inicios, hace una semana, leía lentamente porque sabía que era una buena novela y quería degustarla en todas sus dimensiones. Y la he disfrutado, vaya que sí...
Aparte de que adoro la cultura japonesa, no sólo me ha traído recuerdos sino que me entran ganas de regresar a Japón. Claro que tengo clarísimo que volveré.

El contexto histórico del libro transcurre en el período Edo (en nuestro calendario se corresponde con el final del siglo XVI hasta la mitad del siglo XIX), llamado así porque el shogun Ieasy Tokugawa estableció su corte en la ciudad de Edo (actual Tokio; con el final de este período se cambió el nombre de la capital a Tokio). Tras el período anterior (Azuchi-Momoyama), una época de guerras entre los diferentes clanes japoneses, bajo el shogunato de Tokugawa viene una relativa época de paz, ya que esta especie de emperador llegó a unificar a los diferentes clanes y los señores que los comandaban (daimios) bajo su mandato.
Es la época de auge de los samuráis, hombres educados en el honor y cuya espada se ponía al servicio de uno de esos señores de la guerra, pero con el fin de las guerras entre clanes también proliferan los rōnin, guerreros que conocen el arte de la espada pero que no tienen señor. 
Con este trasfondo histórico nos vemos inmersos en una venganza que dura décadas, con unos personajes ficticios magistralmente enmarcados en la época en que se sitúa la trama. 
He de añadir que la historia está muy bien documentada, con muchas notas a pie de página que nos aclaran algunas expresiones japonesas.

Es importante la simbólica sakura, la flor del cerezo que tanto adoran los japoneses, el árbol que da título al libro. Y es importante porque esta planta resume el mensaje del libro: es una flor de una belleza sin igual, pero sus semillas destiladas pueden crear un veneno mortal. Los guiños a la flor del cerezo son numerosos a lo largo de la novela. 

En cuanto a la narración, se divide en dos historias que transcurren paralelas, y que en cierto momento desubica al lector, ya que en un principio el lector cree leer dos historias sincrónicas que se entremezclarán en algún momento de la trama, pero hacia la mitad del libro descubrimos que en realidad son dos historias de diferentes épocas. Sólo al final descubrimos qué es lo que une a esas dos historias. 

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Daisho de samurái (la katana es la espada larga, y el wakizashi es la espada corta). Los samuráis llevaban siempre las dos espadas

Seizō Ikeda es el hijo menor del clan Ikeda que es sacado del castillo familiar cuando éste es atacado a traición. Por órdenes de su padre, el leal general samurái Kenzaburō Arima se lleva al niño y lo saca fuera de la provincia de Izumi, huyendo porque saben que podrían encontrarlos. Llega al monasterio donde el abad Kosei le dice que les ha traicionado también, pero les da tregua para que salgan del monasterio. 
Kenzaburō lleva a Seizō a Matsue, donde una familia tiene una antigua deuda con Kenzaburō, que les deja al pequeño Seizō para que le cuiden hasta que él regrese a buscarle. 
Seizō crecerá con la familia Ichigoya, unos comerciantes acomodados que tienen dos hijos, pero que no aprecian al recién llegado, aunque los dos hijos le terminarán queriendo como a un verdadero hermano. Aunque no le profesen ningún cariño, Seizō será educado junto a los hijos de la familia, donde ya se descubre una afilada inteligencia. En la tienda donde muchas tardes ayuda, los artesanos le enseñarán a hacer warajis, sandalias de caña trenzada. Sus hermanastros le arrastran a acudir a sitios insospechados, cuando ellos nunca son castigados. En una de esas escapadas en que se pierden, la señora Ichigoya le da dos bofetadas y Seizō, orgulloso, se marcha corriendo. Después de un rato de reflexión donde ha decidido volver a por sus cosas a la casa de los Ichigoya y marcharse, descubre que un bonzō (especie de monje) le está observando, para descubrir después que el hombre no es otro que Kenzaburō, que ha venido a buscarle. Seizō se ha convertido en un adolescente y es hora de que empiece su aprendizaje. 
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Monte Daisen

Kenzaburō le arrastra consigo a una especie de cabaña construida por él cerca del monte Daisen, una cabaña junto a un cerezo, plantado años atrás por Kenzaburō con unas semillas de cerezo que le entregó la madre de Kenzō. Allí Kenzuburō se convertirá en un sensei implacable, pero que servirá para forjar el carácter del muchacho y prepararle tanto física como emocionalmente para la venganza. Tras varios años en que Senzō se está preparando en las artes de las letras, la espada, la fuerza física y otros menesteres, aparece en la montaña Fuyumaru, un hombre que durante tres años será el maestro de las malas artes en el alma de Senzō: le enseñará a engañar, la maldad, la picardía, a ser deshonesto y, sobre todo, a cubrirse las espaldas. E incluso intentará convencerle de que no siga las directrices en Kenzaburō ni se vengue. 
Cuando el sensei le haga luchar a muerte contra un samurái y Seizō mate por primera vez para defender su vida, Kenzaburō dará por finalizado el aprendizaje de Seizō, momento en que el joven podrá abandonar la montaña con los siete rollos de papel donde constan los nombres de los hombres que traicionaron a la familia Ikeda, pero con la advertencia de que hay un octavo hombre en la sombra que Kenzaburō no encontró. 
Y así Seizō comienza su particular venganza...

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Acantilados de Fukui

La segunda historia gira en torno al médico Ekei Inafune, médico del clan de Munisai Shimizu. Ekei es un médico atípico, ya que conoce los métodos de curación occidentales, ya que durante años estuvo en un hospital portugués y conoce medicinas y venenos, así como enfermedades, cuya existencia desconocen los médicos tradicionales japoneses. Eso en un país donde lo extranjero es dudoso está mal visto por muchos de sus colegas, aunque su señor Shimizu lo considera una ventaja. Un buen día Shimizu le hace llamar y le explica que tiene que conseguir entrar como médico de cámara en la corte de su acérrimo enemigo Torakusu Yamada, conocido como el León de Fukui, con el fin de erigirse como espía. 
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Yakuro es una especie de maletín antiguo que portaban los médicos antiguos japoneses con sus medicinas y drogas

Ekei llegará a Fukui y se establecerá en la ciudad, pero aunque acude día tras día al castillo de los Yamada, no consigue que el primer médico, maese Itoo, se entreviste con él. En el camino había conocido a Asaemon Hikura, un cínico samurái de la guardia personal de Yamada, al que le pide ayuda. Sin embargo, Ekei sigue acudiendo al castillo negro día tras día sin que nadie le haga caso. Así que trama impregnar las telas exclusivas de Yamada de un veneno que hará postrarse en cama al daimio. Nadie sabe cómo curar esa extraña enfermedad que aqueja a Torakusu, pero alguien se acuerda de Ekei y su dominio de dolencias extrañas. Cuando es llamado a su presencia, se encuentra con una mujer en el lecho de Torakuru, que es la primera médica, O-Ine Itoo, y el hecho de que sea una mujer sorprende a Ekei. Con la curación de Torakusu, maese Ekei entra como médico en el castillo, aunque O-Ine desconfía de él y le da los casos menos relevantes y pacientes alejados de los Yamada. Pero O-Ine terminará confiando en Ekei, y los lazos entre ambos se irán estrechando.
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Juego del go (consiste en ir poniendo fichas en las intersecciones rodeando las fichas del rival). Es de origen chino

Sin embargo, muchos han descubierto que Ekei Inafune no es quien dice ser... Y, sin embargo, salvará la vida de Torakusu, por lo que llegará a jugar con el señor del castillo al juego del go e incluso le designará como su consejero.

Hasta aquí puedo contar. Merece mucho la pena. Es una historia que... ojalá me quedaran aún 200 páginas por leer, porque la he disfrutado tanto... Es tan bonita, tan inesperada en ciertos aspectos. Y con todos los giros que hay en la trama no quedan cabos sueltos. Es una historia magnífica...


EL AUTOR: 

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David B. Gil (Cádiz, 1979) es licenciado en Periodismo, posgraduado en Diseño Multimedia y máster en Dirección de Redes Sociales. Ha trabajado como redactor editorial y ha publicado artículos para DC Cómics en España y Latinoamérica. También ha sido responsable de comunicación y redes sociales en diferentes organizaciones políticas, además de redactor en varios medios de comunicación. Autopublicó El guerrero a la sombra del cerezo, que fue finalista del Premio Fernando Lara, ha sido la única obra autopublicada ganadora de un Premio Hislibris de Novela Histórica. A día de hoy continúa siendo la ficción histórica mejor valorada por los lectores de Amazon España. Hijos del dios binario (2016) es su segunda novela.


EL LIBRO:

Título original: El guerrero a la sombra del cerezo
Autor: David B. Gil
Editorial: Suma de Letras (1ª edición, abril de 2017)
Número de páginas: 731
ISBN: 9788491291305

Valoración: 10/10

RETOS:

2 comentarios:

LAKY dijo...

También me encantó. Es un libro realmente bueno
Besos

K dijo...

Es preciosa, la verdad. Ojalá no hubiera leído la última parte tan rápido, así hoy seguiría disfrutándola...

Besos