Aquí tenemos suerte porque hay un supermercado que abre todos los festivos hasta las tres de la tarde. Obviamente este supermercado está plagado de gente estos días, más que entre semana. Pilla a dos minutos de mi casa, por lo que no me cuesta nada acercarme.
Anoche me levanté de la cama varias veces porque tenía mucha sed, y sólo tenía agua y dos cervezas, pero en realidad me apetecía beber zumo. No hay nada como el zumo natural, pero hoy he obviado las naranjas, y he optado por comprarlo, que si me vuelvo a levantar a las dos de la mañana estoy segura de que no me voy a poner a hacer un zumo.
En el estante de las cervezas no encontraba la Mahou, en realidad había de lata, pero quería botellines. Al final la he encontrado, claro, por lo que ya vuelvo a tener una parte de la nevera llena de cerveza. Me duran bastante en casa, porque no habitúo a beber cerveza en mi casa, sólo que muy de ciento en viento apetece.
Todo será que mi hermano pequeño se autoinvite a comer un día de éstos y me pregunte por la Coca Cola, pese a que sabe perfectamente que no me gusta la Coca Cola.
Cuando he llegado a casa, me he encontrado que no tenía más que líquido, que apenas he comprado nada sólido.
Llevo casi toda la mañana remoloneando. Llevo leído el 50% de Los hermanos Karamazov, y ahí lo he dejado, porque bien podría haberme quedado leyendo varias horas más. Ahora está muy interesante porque se percibe el crimen, y el lector ya sabe quién va a cometer ese crimen.
Mi intención es trabajar esta tarde. Ya veré, que hasta el domingo tengo muchos días y muchas horas. Hace frío pero hay mucha gente por la calle. En un principio, antes de ir al supermercado quería pasarme por la carpa (Mercado del Camino), pero como es el primer día seguramente que hay fila para entrar, así que ya me pasaré otro día.
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