miércoles, diciembre 20, 2017

La historia del reloj que llegó de América

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Yo tuve un bisabuelo en América, en Cuba concretamente. Se llamaba Celedonio y marchó a hacer fortuna. Cuando pasaron varios años regresó y se quedó. Consigo trajo un magnífico reloj de bolsillo de oro, con grabados y donde aparece la inicial de su nombre y el apellido. Cuando mi abuelo murió el reloj le tocó a mi padre, cuyo nombre no empieza por C. 
Mi tío Celedonio, que a la sazón se llamaba como el bisabuelo "americano", consideraba que el reloj debía ser suyo, pero entonces había partes de la herencia que se repartían por lotes y el reloj estaba en el lote de mi padre. Así que cuando yo nací mis padres estuvieron en una continua disyuntiva por mi nombre. Faltó poco para que me llamaran Carolina. Pero lo dejaron pasar. Cuando llegó mi hermano tampoco su nombre empezó por C. Entonces mi tío Celedonio tuvo dos hijos. Los nombres de mis primos empiezan los dos por C. Y unos años después llegó por sorpresa mi hermano más pequeño, cuyo nombre empieza por C. Así que ya sabemos a quién le tocará el reloj, pero aunque no le toque y valga su peso en oro, que se lo quede, que ese reloj lleva muchas generaciones decidiendo los nombres de la gente.

Hoy he hablado con uno de esos primos cuyo nombre empieza por C. A propósito de su cumpleaños. Como vive cerca de nosotros en Logroño, supongo que podré tirarle de las orejas este próximo fin de semana. 
Ni que decir tiene que el reloj de la C. sólo lo he visto una vez.

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