Mi padre me ha dicho que no iba a encontrar un sitio para desayunar, pero yo sabía que sí, y no me he equivocado.
Hoy se me han pegado las sábanas y he desayunado algo más tarde de lo habitual. Como debe ser la única cafetería abierta en cien metros a la redonda estaba llena de gente.
Menudo día triste el de hoy.
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