En esta época siempre nos colman de regalos. Digamos que aquí hay cosas que no son para mí, como las agendas -que no uso de papel-; el libro de La Tierra vista desde el cielo originariamente tampoco era para mí, pero le he preguntado al receptor y le he dicho que pesa y si quiere verlo lo tiene en mi salón a su disposición; en cuanto a la mochila, es el tipo de mochila que suelo usar, pero tengo cinco (compradas todas), me la quedo porque es un regalo; lo del paraguas en una persona que no usa paraguas porque habitualmente los pierde... es gracioso, veremos lo que me dura, aunque igual lo dejo en la oficina; en Casa del Libro he comprado dos novelas de bolsillo, Viajo sola y Jardín de invierno; he recibido una postal de Tenerife de una persona que me la podía haber dado ya en mano; al salir del festival de baile nos han deleitado con unos dulces de un grupo llamado Cocinar a ciegas, que ya reposan en mi estómago.
Empiezo a no querer acumular cosas. Eso quiere decir que no tardaré mucho en pasarme al libro electrónico, aunque me deleita comprar libros en papel. Será otra adición que tendré que quitarme. Tengo el Tarro-Libros de 2017 a punto de llegar a los 90 euros y que tendré que amortizar en libros, lo que agradecen en las librerías de aquí (les viene bien tener tantos euros en monedas). En cuanto amortice estos euros voy a pasarme una temporada leyendo sin comprar, publique quien publique.
Y mañana me espera en mi mesa una cesta de Navidad. Al menos la comida tiene fecha de caducidad y no se puede acumular, aunque todavía tengo botellas de la cesta del año pasado. Botellas que no beberé, y es que no me veo bebiendo un Chivas de no sé qué año ni una manzanilla de Osborne.
Ha sido un día completo. Creo que prefiero la rutina del día a día, aunque hoy ha habido situaciones geniales.

No hay comentarios:
Publicar un comentario