Ezcaray, diciembre de 2012
Estamos en un día especial, uno de esos días que invitan a la risa. Eso me recuerda a que hace unos años había un monigote en el kiosko de Ezcaray. Mañana también me toca ir a Ezcaray, pero es bastante posible que no vaya. Según se tercie a las nueve de la mañana.
Seguro que mañana me levantaré y me gastarán alguna broma y no me enteraré hasta que sea demasiado tarde. En mi pueblo hace unos años solía aparecer la decoración pública patas arriba, pero hoy en día no hay mucha gente dispuesta a las bromas.
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