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Hoy he llegado a casa no hace mucho y estoy contenta porque me olvido de reuniones hasta el año que viene.
Hoy estaba la persona que me tuvo en vilo durante un tiempo hace ya, con quien ahora me llevo bien, y en un inciso que yo no hablaba le he dicho que nos fuéramos a tomar una cerveza. Ya sabía su respuesta incluso antes de que respondiera. Pasarán otros cinco años y seguirá poniéndose nervioso, aunque ya no le hablo con retórica. Ni me pierdo en su mirada. Y me resulta indiferente que no quiera tomar una cerveza. Ahora simplemente nos llevamos bien, sin más. Y él no comprende que quedar con él en unos días para que me explique algo me supone una tarea muy ardua. Han pasado cinco años desde que me enfadé con él, y en estos cinco años he comprendido que no quiero llevarme mal con él, que es buena persona. Ya no aletean las mariposas en mi estómago. Después de cinco años es normal. Me desgastó de tal manera que me cerré en banda, que decidí que no iba a sufrir más por nadie, y que no sufriría más por amor.
Hoy le he observado y tengo confianza con él, pero esa confianza se ha visto sesgada con el paso del tiempo. Es como... un hermanito mayor. Y hoy he pensado en lo que le quise entonces, y que ahora... ahora le aprecio solamente como se puede apreciar a un amigo. Pero no hay mariposas. Es un tren que ya pasó o, si quiero expresarme en términos literarios, es un capítulo que ya cerré y no me gustan las relecturas.
En realidad no me apetece quedar con él, así que le llamaré un día por teléfono y que me lo cuente por teléfono.
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