jueves, diciembre 28, 2017

Burgos, a un paso

Catedral de Burgos y peregrino al anochecer

Durante tres años tuve que sacarme un título que me suponía estar entre apuntes y exámenes todas las semanas. Lo ofrecía la Universidad de Burgos, y una semana al año era presencial. A mí me pillaba a un paso Burgos, pero allí conocí a un grupo de gente interesante.
Apuntes de los primeros días del primer año (del resto de años no hay apuntes)

Los primeros días iba a clase, incluso cogía apuntes, aunque iba con todo aprobado. Allí había unos 100 alumnos, aunque las clases no llegaban a 50. Nos pasaban una hoja de firmas, pero puedo asegurar que siempre había más firmas que personas en clase. 
Entrada a la Facultad de Derecho de Burgos

Nos encontrábamos en un marco idóneo, porque la Facultad de Derecho es un edificio idílico. 
En realidad, no se nos exigía mucho. La lista era porque traían invitados y no era plan de que no hubiera nadie en las clases. 
Habitación en la residencia universitaria 

A los pocos días ya habíamos formado un grupo: cuatro donostiarras, tres de Girona, uno de Zaragoza, una de Valladolid, una extremeña y yo. En qué momento. A partir de entonces no se me vio el pelo en las aulas de derecho, al menos durante las primeras horas de la mañana. Generalmente llegaba a almorzar a la cafetería. Pero no era la única, porque un catalán y un vasco, compañeros de andanzas hasta cerrar los bares burgaleses de madrugada, no se quedaban atrás. Así que garabateaban nuestras firmas. 
Una de las muchas clases

Como nos querían tener controlados, nos recomendaban alojarnos en la residencia universitaria que se encuentra frente a la Facultad de Derecho. Todo muy universitario. Y es que todos nos encontrábamos en la residencia. Allí comíamos y allí dormíamos. Las habitaciones eran de dos camas, aunque a nosotros, al no ser muchos, nos las otorgaban de manera individual. 
Museo de la Evolución Humana

Allí visitamos el Morito, el Museo de la Evolución y el Patillas, entre otras cosas. Porque no sólo íbamos a vivir de noche. El segundo año nos pasábamos una hoja con las firmas y si alguno faltaba alguien se encargaba de imitar la firma. Tengo que decir que en los dos últimos años yo sólo iba por las tardes, que siendo verano, a muchos les venía bien. Unos por otros. Vamos, que los que no íbamos a primera hora solíamos ir por las tardes y así el resto libraban. 
Cojonudos y cojonudas, tapas típicas de Burgos

Una de las últimas tardes incluso le saqué los colores a uno que vino a exponer un programa informático, justamente el que yo uso, y que era una introducción a una materia del año siguiente. Después de su exposición, le dije que estaba vendiendo la moto y que no había dicho más que una sarta de mentiras. Y empecé a enumerar cosas. Cuanto más hablaba yo más nervioso se ponía él. Al final me dijo que si tenía ese programa ya tenía la asignatura aprobada. "Como comprenderás, no me conformaré con el aprobado". Lo cierto es que a mí me beneficiaba que se mostrara un programa que utilizo a diario, pero la asignatura era Informática, y lo justo es que nos hubieran dado opciones para elegir qué programa informático queríamos. Lo que me sentó mal es que mintiera a un grupo numeroso de gente. 
Paredes llenas de fotos en el Bar Patillas

Pero lo que aún recuerdo con cariño es el Patillas, un bar bohemio donde los haya, extraño, que tiene sus años y su historia, supongo. Tenía las paredes llenas de fotografías, algunas amarillentas, otras de carnet que la gente pone allí mismo. Había ingleses intentando tocar una guitarra y cantar flamenco.
El Patillas

Y tras la barra se encontraba el ilustrísimo Patillas, el dueño del bar. Un hombre muy peculiar, que sigue una tradición familiar ancestral, ya que el bar se hereda de padres a hijos. Sólo había cerveza. Es que era auténtico. 
Qué bien lo pasé esas semanas en Burgos. Venía molida, aunque se supone que tendría que haber regresado más descansada, pero no. Todo lo contrario.
Es una pena que, después de aquella época, ya sólo nos quede un grupo de whatsapp donde alguien habla de vez en cuando, y que no nos hayamos vuelto a reunir, aunque tampoco estamos tan lejos.

No hay comentarios: