
Tengo una amiga que trabaja a 47 kilómetros y en el rato que le ha costado venir me ha llamado y me ha dicho que le acompañara en el viaje. Ciertamente llevamos hablando más de media hora. Me ha preguntado por qué motivo me encontraba triste. Y le he explicado que hay días que simplemente estamos más desmoralizados, sea por la razón que sea. Que en realidad no hay un motivo concreto para que yo me encuentre más triste que otros días.
Lo mejor de la conversación es que nos hemos reído. Y quizás algo del hierro candente ha desaparecido. Nos conocemos desde pequeñas, desde muy pequeñas. A veces, hablar con personas que te conocen desde siempre y que saben por las vibraciones de la voz si estás bien o no relaja, porque no tenemos que disimular nada.
Tampoco me he dado cuenta de que eran las 23.30h cuando estábamos hablando. Supongo que me ha venido bien esa conversación, pese a lo tarde que era.
Joaquín Sabina, Pongamos que hablo de Madrid
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