miércoles, diciembre 13, 2017

Trece

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Hace muchos años odiaba el número trece. Y de hecho, hasta hace un tiempo no se me ocurría hacer cosas importantes en un día trece del mes. Pero al final no deja de ser un día más y todos los meses tienen un trece. Eso es porque siempre me ocurrían cosas negativas en trece, o al menos yo lo asociaba al trece, en ese intento de buscar explicaciones para todo.
Al final me resbalan todo tipo de supersticiones. Si tuviera un gato no me importaría que fuera negro, e incluso le llamaría Edgar, en honor a Poe. Ya tuve gato una vez. Me acuerdo de Simoneta, cuyo nombre se lo puso mi hermano pequeño. El primero fue Rigoberto, que me miraba mal cada vez que me ponía unos zapatos naranjas con los que una vez le pisé. Creo que tuve dos gatos más, pero ahora no recuerdo sus nombres. Siempre he preferido a los perros. Una amiga tiene muchos gatos y uno de ellos se llama Napoleón. Pero no tiene ninguno negro. Lo cierto es que de los gatos recuerdo que llenaban todo de pelos y que si les pisas te la guardan para siempre. En verano, la gata de mi tía se acerca a mi casa y yo no la hacía mucho caso, pero las pequeñas estaban entusiasmadas. Les dije que no se acercaran por si sacaba las uñas, pero no me hicieron caso, porque se dieron cuenta de que si la acariciaban la gata se quedaba y con ellas no sacaba las uñas. A mí es que me gusta meter miedo a las niñas de vez en cuando. Como cuando les conté la historia del Coco y les decía que salía en la oscuridad. No se atrevían a ir a ningún lado a oscuras. O cuando les dije que en una casa que tenía un pajar abierto había un fantasma, que no miraran. Echaban a correr. Mi cuñada me pidió que no les contara a las niñas historias terroríficas que luego tenían miedo. Pero cuando están conmigo me preguntan por el Coco
Retomando el hilo, tampoco me da pánico pasar debajo de escaleras. Hace unos días, con motivo de la instalación de la fibra óptica, había gente que rodeaba las escaleras. 
Quizás el trece fue la única superstición que tuve durante años. Se llama tredecafobia. Pero ya no la tengo. Hoy pensaba: "¿Reunión en un día trece?". Y me ha ido genial. Aunque esto último ya no es cosa de la casualidad, creo que mucho depende de mí, casi todo es esa actitud positiva. Seguiremos repartiendo sonrisas a diestro y siniestro. Me he dado cuenta que cuanto más río mejor fluye todo. 
Y que le den al trece, a los gatos negros y pasar por debajo de las escaleras. Acabo de recordar que una vez rompí un espejo y no tuve siete años de mala suerte. Más bien me considero una persona bastante afortunada.

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