
Dicen que no es bueno meterse a la cama con el pelo mojado, y yo no tengo secador. Ni tengo ni tendré. Porque me gusta que se seque el pelo al aire, sea verano o sea invierno. Menos mal que no tengo el pelo muy largo, aunque hoy me podría dar la medianoche esperando a ver si se me seca el pelo. Bien podría escribir sin parar.
Hoy llevo levantada desde las siete de la mañana, por lo que me he obligado a una siesta de diez minutos en la que no he pegado ojo. Me ponía a leer y se me cerraban los ojos, pero cuando intentaba dormir no lo conseguía. Ya sé que es por la tensión, porque luego tenía algo que me obligaba. Esa tensión no me ha permitido dormir. A veces no la noto. Sé que la tensión aparece de cara a la incertidumbre, pero hay días que ni siquiera la noto. Hoy estaba tan tranquila que no he notado nada. Sólo a la hora de la siesta.
Me pican los ojos, por lo que estoy segura de que esta noche me espera una noche de intensidad onírica. Es una pena que casi nunca recuerde lo que sueño.
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