He estado mirando la luna, impresionante, y de paso las estrellas, que hay muchísimas, lo que vaticina un día despejado mañana. Me recuerda a noches de verano. También ha pasado un avión que por la dirección podría ir a Londres. Qué sensación estar ahí arriba y, de repente, que el piloto del avión dijera que estábamos sobrevolando Santo Domingo. He ido a comprobarlo. Lo tengo escrito de mi puño y letra, y entonces me he entretenido hojeando ese cuaderno de viajes, que no sólo está lleno de sensaciones, sino de dibujos, pegatinas, entradas y un largo etcétera.
Nunca me gustaron los diarios, pero sí me gusta anotar ciertas cosas, sobre todo las novedades y curiosidades. Y evito escribir en "modo diario". De hecho, ni siquiera los libros en formato diario los soporto. El único que me gustó y que recomiendo es Drácula, de Bram Stoker.
Vuelvo a caerme de sueño, como ayer a estas horas, y es que ya sabía yo que si intento echarme la siesta o apago el teléfono móvil o por la ley de Murphy no me dejarán pegar ojo. Así que estoy deseando dormir, teniendo en cuenta que mañana es festivo y toca remolonear...

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