Cuando en 2º de BUP estudié Geografía Política, la capital de Israel era Tel Aviv, aunque los israelitas siempre consideraron Jerusalén como su capital, el mundo no lo aceptaba así. En la universidad me interesé por el conflicto palestino-israelí porque lo que ocurría en Oriente Próximo estaba todos los días en los noticiarios. En un examen de Historia Contemporánea recuerdo haber empezado a escribir sin parar sobre este tema. Y me interesó porque sentí curiosidad, porque lo escuchaba todos los días y entonces desconocía dónde, cómo y por qué se originaba el problema.
Reconozco que los árabes no son santos de mi devoción, pero en este asunto me tengo que solidarizar con ellos. Por el conflicto en Tierra Santa me siento muy solidaria, porque hoy los palestinos son apátridas, viven refugiados en países musulmanes cercanos, esperando recuperar una tierra de la que, literalmente, han sido desposeídos, y Yasser Arafat murió sin ver su sueño cumplido, que era el de ver a los palestinos de nuevo en Tierra Santa. Los israelíes se han hecho dueños y señores, con el beneplácito de las grandes potencias, la Unión Europea y Estados Unidos. Y hoy el señor Trump reconoce Jerusalén como capital de Israel. Menuda patata caliente. Ya sólo les falta a los cristianos reclamar su parte de resquicios religiosos en Jerusalén.
Hace unos años, el anterior sacerdote de mi pueblo organizó un viaje a Tierra Santa. Yo iba a ir en un principio, pero finalmente no pude ir. Sin embargo, una amiga mía fue. Pocos días antes de marchar, ella me confesaba que con los conflictos que hay en esa parte de Oriente Próximo estaba un poco asustada. Yo le decía que no se preocupara, que seguramente vería a gente armada, pero que los que portaban metralletas eran los israelíes y ellos se iban a encargar de proteger a un grupo de europeos, como Estados Unidos los protege a ellos; le decía que no fuera asustada, que Israel es el país más protegido del planeta, y ella me tuvo que dar la razón.
Debería dejar de ver las noticias en un tiempo. Lo que ocurre es que no me gusta estar desinformada. Pero es cierto que las noticias son en su mayor parte horribles.
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