Las tardes ya alargan, así que habitualmente suelo llegar a casa, desde hace varias semanas, cuando aún es de día. Si la tarde acompaña me gusta ir a la ermita a tomar una cerveza o, como hoy, saco a pasear al perro por el pueblo.
Hace unas noches decía que ya no venían circos ambulantes, pero siempre nos quedarán los peregrinos de Santiago. Por lo general vienen caminando, pero a veces aparecen en caballo o acompañados por asnos. Animales, tanto unos como otros, que a mí me atraen mucho. Esta tarde, en lo que era el patio de las escuelas, había un caballo precioso. Me he acercado para verlo de cerca, mientras el perro hacía migas con el perro que acompañaba al dueño del caballo. El peregrino en cuestión era italiano. En vez de ir al albergue estaba montando una tienda de campaña, supongo que por la dificultad que conlleva dejar toda la noche a la intemperie al caballo en el jardín donde se encuentra el albergue, quizás porque el peregrino quería estar cerca del animal (algo imposible si hubiera ido al albergue).
Era precioso.
Mañana ya se habrá ido en dirección a Santiago.
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