
Fachada del Ayuntamiento de Salamanca, en la Plaza Mayor, con los estandartes distintivos de las cofradías de la ciudad
A propósito de la Semana Santa y con todas las procesiones en los medios de comunicación, me vienen a la cabeza las procesiones que había en Salamanca, que como en toda Castilla y León eran muchas y variadas.
Recuerdo que un sábado antes de estos días a las seis de la madrugada salía por el centro de la ciudad la procesión de la aurora. Cuando vivía en Gran Vía me despertaban, aunque también me los he encontrado estando de fiesta, ya que Gran Vía también es zona de bares. Nunca dejaba de sorprenderme que hubiera gente que se levantara sólo para ir en procesión portando una vela y cantando. Respetable, claro, pero rondando un poco lo fanático.
Tampoco entiendo que la gente se emocione tanto si una procesión de Semana Santa no puede salir por motivo del mal tiempo. Quizás es que lo vivo todo un poco de espectadora, ya que si bien soy creyente la religión es un tema que no me convence. Lo veo tan obsoleto, tan desactualizado, tan cerca del interés económico (a veces eclesiástico y a veces personal). Veo el Vaticano con tantos tesoros, ellos que predican la pobreza del mundo. Creo que si se desprendieran de sus tesoros para comprar medicinas para los niños de África, podrían paralizar una parte de la mortalidad infantil mundial. No es lo único que me quema. Quizás es la institución que más me ha decepcionado a lo largo de mi vida, quizás porque no tuve la opción de elegir, como si nos impusieran tener que seguir los sacramentos al pie de la letra, como si hubiera que seguir la tradición escrita hace dos mil años en un libro que es totalmente interpretable. No me he leído toda la Biblia, pero sí gran parte del Antiguo Testamento, y no cuando me lo decían los profesores en el colegio, sino hace unos años. Porque no me fío de los sacerdotes (que no han bajado de los Cielos, sino que son hombres de carne y hueso). El Dios que aparece en el Antiguo Testamento, al hilo de la parte de la Biblia que me leí, es un dios cruel, amenazador, castigador. Se dulcifica a medida que van pasando las páginas, para ser todo bondad en el Nuevo Testamento. Pocas veces se nos describe a ese Dios vengador en un sermón por parte del cura.
Las procesiones de Semana Santa pecan un poco de fanatismo. Nunca he ido, por ejemplo, a ver a Los Picaos de San Vicente de la Sonsierra. Es que no comprendo cómo unos señores pueden ir fustigándose la espalda por puro fervor religioso.
Hay muchas cosas de la religión que no comprendo. No es que me haya apartado de la religión, ni de mis creencias.
Hace uno o dos años creo que ya comenté el tema de las bodas por la Iglesia. Pues desde mi punto de vista, si dos personas se aman no necesitan demostrar su amor a nadie y si hay un Dios Todopoderoso, éste seguro que ya conoce los sentimientos. Ahora bien, una boda es muy práctica en lo que respecta a los hijos, pero en este sentido, la Iglesia ya no es necesaria, porque para eso están los juzgados.
En fin, tantos años con curas y monjas me han llevado a un descreimiento total de todas las actividades que se desarrollan en torno a la Iglesia. Y todo porque creo que la Iglesia hoy en día sigue enmarcada en el siglo I.
Tener fe es importante. Podemos tener fe en muchas cosas. Yo tengo fe en las personas y esta fe me reconforta. Tengo fe a mi manera, sin que unos curas medio corruptos vengan a decirme cómo debo desarrollar esa fe.
A propósito de la fotografía de la Plaza Mayor, creo que echo mucho de menos aquella ciudad. A veces, por momentos. Me gustaría volver con un ángel que sé que no ha estado nunca allí. ¿Por qué con él? Quizás porque me gustaría compartir vivencias con él, contarle muchas historias de allí, describirle los secretos de esa ciudad.
La gente, cuando sale el sol, tiende a ir a la Plaza y sentarse en grupos en el suelo. En principio, hay una Ordenanza Municipal en la que se prohíbe comer y beber dentro. Todo el mundo ignora la prohibición, cosa lógica, cuando hay varias hamburgueserías y heladerías en callejuelas que mueren en los arcos de la Plaza.
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